domingo, mayo 11, 2008

Un vínculo desconocido: nuestra amiga Evelyn y Freddie Mercury

Cuando lo detectamos entre Gilberto Correa, Asier Cazalis y Cantinflas nos sorprendimos. Pero, cuando se trata de una amiga cercana, una colega bloggera cuyo Cuaderno seguimos de cerca, casi le reprochamos no habernos dicho antes.

A continuación, la prueba irrefutable:

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miércoles, julio 25, 2007

Unas joyas de sabiduría revolucionaria: los últimos días venezolanos en citas de los líderes bolivarianos (y nuestros comentarios)


Las frases:

1)Hugo Chávez Frías, presidente eterno de Venezuela, sobre las medidas a tomar frente a extranjeros que hablen en Venezuela cosas que le incomoden: "Hay que ponerlos, con todo respeto, en Maiquetía"

2)Hugo Chávez Frías en Aló, presidente, frente al reclamo de un ciudadano: "A mí no me engaña nadie"

3)Cilia Flores, presidenta de la Asamblea Nacional Vacacional -por la Ley habilitante- de Venezuela, sobre el trabajo de Hugo Chávez con su propuesta de reforma constitucional: "El presidente le está poniendo su "toque técnico" a los artículos"

4)Jose Vielma Mora, director del organismo tributario Seniat: "Pago muy bien Impuesto Sobre La Renta. El año pasado pagué 105 millones"

5)Jose Vielma Mora, director del organismo tributario Seniat: "Me parto el lomo trabajando"

6)Jose Vielma Mora, director del organismo tributario Seniat, sobre la fiscalización abusiva y compulsiva a las clínicas privadas: "Deberían tomarlo como una auditoría externa y gratuita"

... y los comentarios

1)Importante la aclaratoria del respeto. Así, con respeto, se reelegirá indefinida o continuamente, con respeto disolverá los poderes públicos que osen disentir, con respeto va a proponer una reforma constitucional que es un extreme makeover.

2)Entonces, ¿se acabaron las excusas corriendo a la arruga a los ministros? ¿Es responsable el presidente a prueba de engaño de todos los casos de corrupción?

3)¿Será que el toque técnico es mejor que la caída de la inefectiva rabo 'e cochino del presidente?

4)¿Y cuánto gana Vielma Mora por su abnegado sacrificio revolucionario?

5)Por un sueldo cuyo equivalente en impuesto es 105 millones sería lo mínimo, ¿o no?

6)¿Y será que hay que darle propina para completar el sueldito revolucionario?

Extra: ¿Qué pensará el amigo Vielma Mora de la ya olvidada propuesta del inefable Luis Tascón sobre colocar un tope al salario mensual a los funcionarios gubernamentales de 3 millones de bolívares?


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jueves, julio 19, 2007

Un golpe bajo a la risa: muere el "Negro" Roberto Fontanarrosa (comentario, relato y Pampita)

En medio del mundo actual de complicaciones por células madres, norcoreanos e iraníes jugando con fuego nuclear, chinos vendiendo hasta sus incalculables madres para soportar su economía, amenazas bacteriológicas amparadas en el Corán, el club de los socialistas gozones latinoamericanos, sus delirios y otras desviaciones, el humor es sin duda un elemento indispensable para mantener un cierto norte.

Y, no ha duda, hay humor y hay Humor.

Están dos o tres diálogos iluminados de Friends, capítulos enteros de Seinfeld, Los Simpsons, Cheers, Mad about you, las películas de los Monty Python o los hermanos Marx entre las expresiones populares. Pero está también esa complicada apuesta por el humor intelectual, el humor sofisticado.

¡Si lo sabremos en Venezuela! La cuna de Leoncio Martínez, de Aquiles Nazoa, de Pedro León Zapata. También tenemos uno que otro "humorista-a-juro", pero será objeto de otra entrada.

Lo cierto es que aspiramos que este largo preámbulo haya servido para poner en contexto la trsite noticia de la muerte de Roberto Fontanarrosa, humorista argentino. Efectivo en la salida ocurrente, muy efectivo en géneros ya literarios como el relato.

Como vemos, un verdadero golpe bajo a nuestras sociedades tan necesitadas del alivio que provoca el humor para la crítica inteligente, para la parodia, para mirar todo desde un punto de vista diferente, desacralizarnos y reírnos de nosotros mismos.

No queremos regodearnos en la pena, así que, cortesía de Abanico, publicación de la Biblioteca Nacional de la República Argentina -que de repente en alguna dimensión los petrodólares venezolanos financian como a Sancor- presentamos uno de sus relatos más apreciados "El mundo ha vivido equivocado" en el cual, por medio de un aparentemente simple e inocuo diálogo entre dos amigos que conversan sobre un "día perfecto", nos descubrimos en mucha de la esencia común que tenemos como latinoamericanos. (la mina, en nuestra "edición", es Pampita)

¡Salud por el humor!



"El mundo ha vivido equivocado"

—¿Sabés cómo sería un día perfecto? —dijo Hugo tocándose, pensativo, la punta de la nariz. Pipo me­neó la cabeza lentamente, sin mirarlo. Estaba abstraí­do observando algo a través de los ventanales.

—Suponete... —enunció Hugo entrecerrando algo los ojos, acomodándose mecánicamente el bigote, corriendo un poco hacia el costado el sexteto de tazas de café que se amontonaba sobre la mesa de nerolite-... que vos vas de viaje y llegás, ponele, a una isla del Caribe. Qué sé yo, Martinica, ponele, Barbados, no sé... Saint Thomas.

—¿Martinica es una isla? —preguntó Pipo, aún sin mirarlo, hurgando con el índice de su mano izquierda en su dentadura.

—Sí. Creo que sí. Martinica. La isla de Martinica.

Pipo aprobó con la cabeza y se estiró un poco más en la silla, las piernas por debajo de la mesa, casi to­cando la pared.

—Llegás a la isla —prosiguió Hugo—... Solo ¿viste? Tenés que estar un día, ponele. Un par de días. Entonces vas, llegás al hotel, un hotel de la gran puta, cinco estrellas, subís a la habitación, dejás las cosas y bajás a la cafetería a tomar algo. Es de mañana, vos llegaste en un avión bien temprano, entonces es media mañana. Bajás a tomar algo.

—Un jugo —aportó Pipo, bostezando, pero al pare­cer algo más interesado.

—Un jugo. Un jugo de tamarindo, de piña...

—De guayaba, de guayaba —corrigió Pipo.

—De guayaba, de esas frutas raras que tienen por ahí. Calor. Hace calor. Vos bajás, pantaloncito blan­co livianón. Camisita. Zapatillitas.

—Deportivo.

—Deportivo.

—Tipo tenis.

—No. No. Ojo, pantaloncito blanco pero largo ¿eh? No short. No.

Largo. Livianón. Bajás... Poca gente. Música sua­ve. Cafetería amplia. Te sentás en una mesa y... se ve el mar ¿No? Se ve el mar. El hotel tiene su playa pri­vada, como corresponde. Poca gente. Poca gente. No mucha gente. No es temporada. Porque tampoco vos vas de turismo. Vos vas por laburo. Una cosa así.

—Claro. —Pipo aprobó con la cabeza y saludó con un dedo levantado al Chango que se iba con una rulienta.

—Entonces ahí —Hugo estiró las sílabas de esas palabras anunciando que se acercaba el meollo de la cuestión—... a un par de mesas de la mesa tuya: una mina, sentadita. Desayunando.

—Sola —por primera vez Pipo mira a Hugo, frun­ciendo el entrecejo.

Hugo arruga la cara, dudando.

—Sola... o con un macho. Mejor con un macho ¿viste? Pero, la mina, te juna. Te marca. No alevosa­mente, pero, registra. La mina, muy buena, alta rubia, ojos verdes, tipo Jacqueline Bisset.

—Me gusta.

—La mina, poca bola. Marca de vez en cuando, pe­ro poca bola.

—Jacqueline Bisset no es rubia.

—¿No es rubia? ¿Qué es? Castaña.

—Sí, castaña, castañona.

—Bueno... Pero ésta es rubia. Remerita azul, pantaloncitos blancos. Cruzada de gambas, fumando. Ha­blando con el tipo, recostada en el respaldo del silloncito. Esos silloncitos de caña.

—¿Silloncitos de caña? ¿En una cafetería? —dudó Pipo.

—Bueno, no —admitió Hugo—. Uno de esos comu­nes. O como éstos —giró un poco el torso y pegó dos tincazos cortos contra el plástico de un respaldo—. Pe­ro con apoyabrazos ¿me entendés? Porque la mina es­tá estirada, así, para atrás, medio alejada de la mesa. Mirando al tipo, cruzada de gambas. O sea, queda de perfil a vos. Pero... ¿qué pasa?

—¿Qué pasa?

—La mina se aburre. Se nota que se aburre. El tipo chamuya algunas boludeces y la mina hace así con la cabeza —Hugo imita gesto de asentimiento— pero se nota que se hincha las pelotas.

—Y claro, loco...

—Entonces, entonces... —Hugo toca levemente el antebrazo de Pipo llamando su atención— Vos empezás a hacerte el bocho. Con la mina. ¿Viste cuando vos empezás a junar a una mina y no podés dejar de mirarla? ¿Y que entrás a pensar: "Mamita, si te aga­rro"? Vos te empezás a hacer el bocho. Claro, te ha­cés el boludo...

—Porque está el macho.

—No. Pero el macho no calienta. Porque está de espaldas. No te ve. No te ve. Vos te hacés el boludo por si la mina mira. Cosa de que no vaya a ser cosa que mire y vos estás sonriendo como un boludo, o que le hagás una inclinación de cabeza...

—O que se te esté cayendo un hilo de baba sobre la mesa.

—Claro, claro —se rió, definitivamente entusiasma­do con su propio relato Hugo, haciendo gestos elo­cuentes de refregarse la boca con el dorso de la mano y limpiar la mesa con una servilleta de papel—. No. No. Vos, atento, atento, pero digno. Tipo Mitchum. Ti­po Robert Mitchum.

—Bogart, loco. Vamos a los clásicos.

—Sí. Una cosa así. Fumando el hombre. Medio en­trecerrados los ojuelos por el humo del faso. Un duro.

—Sí. A esa altura yo ya estaría duro.

—También. También. Pero con dignidad —senten­ció Hugo—. Porque por ahí te tenés que levantar y te­nés que salir encorvado como el jorobado de Notre Dame y ahí se te va a la mierda el encanto. Cagó el atraque. No. Vos, en la tuya. Juguito, un par de sorbos vichando por encima de las pajitas ésas de colo­res...

—Los sorbetes.

—Los sorbetes. Una pitada. Mirando de vez en cuando al mar. Pero vos siempre atento a la rubia que balancea lentamente la piernita y a vos...

—A vos te corre un sudor helado desde la nuca...

—Desde la nuca hasta el mismo nacimiento de los glúteos. Y una palpitación en la garganta... ¿viste? como los sapos. Que se les hincha la garganta.

—Lindo espectáculo para la mina si te mira.

—No pero eso te parece a vos desde adentro —Hugo golpea con uno de sus puños contra su pecho—. No. Vos, un duque. Un duque. Y... ¿viste? ¿Viste cuan­do vos decís: "Viejo, si esta mina me da bola yo me muero. Me caigo al piso redondo" Y que medio agra­decés que la mina esté con un macho porque te saca de encima el compromiso de tener que atracártela. Pe­ro por otro lado vos decís: "¿Cómo carajo no me le voy a tirar, si esta mina es un avión, un avión?" ¿Vis­te?

—Típico.

—Pero vos, claro, perdedor neto, también pensás: "Esta mina, ni en pedo me puede dar bola a mí". Por­que es una mina de ésas de James Bond, de ésas bien de las películas. Un aparato infernal. Digamos, todo el hotel es de las películas. Con piletas, piscinas, par­ques, palmeras, cocoteros, playa privada...

—Catamaranes.

—Surf, grones, confitería con pianista, negro tam­bién. Una cosa de locos. Entonces vos decís: "Esta mina no me puede dar bola en la puta vida de Dios". Pero, pero...

—Al frente —indicó Pipo, con la mano.

—¡Al frente, sí señor! —se enardeció Hugo—. Al frente. Y por ahí, por ahí... el tipo se levanta.

—El tipo que está con la mina.

—El tipo que está con la mina se levanta y se pira. Le da un besito en la boca, corto, y se pira. A vos medio se te estruja el corazón porque pensás: "si el tipo éste la besó en la boca, es el macho. No hay duda".

Pipo meneó la cabeza, dudando.

—Porque uno siempre al principio tiene esa espe­ranza —prosiguió Hugo—, "Puede ser el hermano", piensa, "un amigo" "o el tío", que sé yo...

—O una tía muy extraña que se viste de hombre.

—También.

—Una institutriz de esas alemanas. Muy rígidas —documentó un poco más su aporte Pipo.

—Claro. Claro. Pero cuando el tipo le zampa un be­so en la trucha ya ahí medio que se te acaban las po­sibilidades —Hugo se corta. Se queda pensando—. Aunque viste cómo son los yanquis. Se besan por cualquier cosa —aclara—. Ahí viene una mina y te da un chupón y es cosa de todos los días.

—¿Sí?

—Sí. Bueno, bueno. La cuestión que la mina se ha quedado sola en la mesa. El tipo se piró. Se fue. Y la rubia está en la mesa, mirando el mar. Balanceando la piernita. Y ahí te agarra el ataque. Ahí te agarra el ataque. ¡Está servida, loco! Sola y aburrida. Rebuena, para colmo.

—¡Qué te parece!

—Claro, primero vos esperás. Te hacés el sota y esperás. Porque en una de esas vuelve el marido. O el tipo ése que estaba con ella y es un quilombo. Enton­ces vos te quedás en el molde. Y te empieza a laburar el marote de que si te vas y te sentás con ella. ¿Qué carajo le decís?

—Y además la mina habla en inglés.

—No sé. No sé. Eso no sé —vacila Hugo.

—¿La mina no es norteamericana?

—No sé. Porque vos no la escuchás. Vos la viste que está ahí chamuyando con el tipo pero no escuchás en qué habla.

—Y... si habla en inglés te caga.

—Sí, sí —admite Hugo, turbado— pero esperá...

—Bah. Si habla en inglés, o en francés o en ruso, te caga.

—Pará, pará.

—Vos inglés no hablás, que yo sepa.

— ¡Pará, pará! —se enoja Hugo.

—Porque nosotros, acá, porque manejamos el verso, pero si te agarra una mina que no hable castellano...

—Oíme boludo. Pará. ¿Vos sos amigo mío o amigo de la mina? La mina puede ser francesa, por ejemplo, y saber un poco de castellano.

—O española —simplifica Pipo—. La mina es espa­ñola.

—¡No! Española no. Dejame de joder con las espa­ñolas.

—¿Por qué no?

—Las españolas son horribles. Tienen unos pelos así en las piernas.

—Sí, mirá la Cantudo.

—No, no —se empecina Hugo—, dejame de joder con la Cantudo. La mina es una francesa tipo, tipo...

— ¿Por qué no la Cantudo?

—Tipo... ¿Cómo se llama esta mina? —Hugo gol­petea con un dedo sobre el nerolite.

—Romy Schneider.

—No. No. Esta mina que canta...

—A mí dejame con la Cantudo y sabés...

—¡No rompás las bolas con la Cantudo! ¿Cómo se llama esta mina? —Hugo señala con el dedo a Pipo, ya cabrero— Mirá, el día que vos me vengas con tu día perfecto, muy bien, que la mina sea la Cantudo. Pero yo te estoy contando mi día. Además esta mina es rubia.

—Bueno —aprueba Pipo, reacomodándose algo en la silla—. La próxima vez que me cuentes tu día per­fecto, vos quedate con la rubia. Pero que la rubia esté con la Cantudo y salimos los cuatro. Así...

—Está bien, está bien —concede Hugo sin dejar de rebuscar en su memoria— ¡Françoise Hardy! ¡Françoise Hardy! Un tipo así.

—Tampoco es del todo rubia.

—Bueno, pero de ese tipo. De cara medio angulosa. Jetona. Más rubia, eso sí. Y con esa voz así... pro­funda.

—Oíme —cortó Pipo—. Si no la escuchaste hablar. Decías...

—La mina es francesa —se embaló Hugo—. Pero ha­bla castellano porque ha vivido un tiempo en Perú. ¿Viste que los franceses viajan mucho a Perú?

—¿Sí? —se interesa Pipo—. Se acomoda definitiva­mente erguido en la silla, gira y con un gesto pide otro café a Molina, el morocho, que está descansando con­tra la barra, aprovechando la poca gente de las once de la noche.

—Claro. Porque esta mina es una mina del jet-set. Una arqueóloga o algo así, que viaja por todo el mun­do.

—Una cosmetóloga.

—O dirige una línea internacional de cosmética. Una línea suiza de cosmética —sopesa Hugo—. O dise­ña moda. Habla varios idiomas. Y entonces habla cas­tellano con un acento francés, arrastra las erres...

—Como el dueño del hotel donde para Patoruzú —ejemplifica Pipo.

—Eso. Y tiene una voz profunda. Medio áspera. Co­mo Ornella Vanoni.

—Ajá, ajá. Me gusta —aprueba Pipo, dispuesto a co­laborar mientras se echa algo hacia atrás para permi­tir que Molina le deje, sin una palabra, un café, un va­so de agua, tire otros saquitos de azúcar junto al ceni­cero y apriete un nuevo ticket bajo la pata del servi­lletero.

—La cuestión es que la mina se quedó sola en la mesa, fumando —recupera el hilo Hugo— y vos estás ahí, haciendote el bocho, viendo cómo carajo hacés para atracártela. Para colmo todavía no sabés en qué carajo habla esta mina. Entonces, entonces, empezás a junar las pilchas, los zapatos, la remera, los ciga­rrillos que la mina tiene sobre la mesa para ver si di­cen alguna marca, algún dato que te bata más o me­nos de dónde es la mina. La mina llama al mozo. Pa­ga su cuenta. Vos ahí parás la oreja para ver si agarrás en qué habla, pero la mina habla en voz baja, como se habla en esos ambientes internacionales...

—Además la mina con esa voz profunda que tie­ne... —Pipo ha terminado de sacudir rítmicamente la bolsita de azúcar y se dispone a arrancarle uno de los ángulos.

—Claro. Agarra un bolso que tiene sobre otro si­llón y ahí... ahí... Primero... —se autointerrumpe Hugo— cuando se para, ahí te das cuenta realmente de que la mina es un avión aerodinámico. De esas mi­nas elegantes, pero que están un vagón. De ésas flacas pero fibrosas, ésas que juegan al tenis y que vos les tocás las gambas y son una madera. Entonces ahí, en tanto la mina se acomoda el bolso sobre el hombro y agarra los puchos y el encendedor de arriba de la me­sa...

—Los puchos son Gitanes —documenta Pipo.

—Claro. Los puchos son Gitanes y tiene ¿viste? ata­do a una de las manijas del bolso, un pañuelo de seda, fucsia. Bueno, ahí, cuando la mina se levanta. Se da vuelta. Y te mira.

—¡Mierda!

—Te mira ¿viste? —Hugo está envarado sobre la si­lla, tenso. Una mano en el borde del asiento y la otra sobre el borde de la mesa. Los ojos algo entrecerrados miran fijo en dirección a la ventana que da a calle Sar­miento—. Te mira un momentito, pero un momentito largón. Ya no es la mirada de refilón... eh... la mira­da de rigor de cuando uno mira a una persona que en­tra o que se te sienta cerca. No. No. Una mirada ya de interés. Profunda.

—Ahí te acabás.

—No. Vos... un hielo. Le mantenés la mirada. Se­rio. Sin un gesto. Como diciendo "¿Qué te pasa, ca­riño?". Claro, por dentro se te arma tal quilombo en el mate, se te ponen en cortocircuito todos los cables. "Uy, la puta que lo reparió, no puede ser", decís. "No puede ser. Dios querido". Pero le sostenés la mi­rada hasta que la mina da media vuelta y se va para la playa con el bolso al hombro.

—Y... —se sonríe Hugo— ¿Viste cuando las minas se dan cuenta de que las están junando, entonces caminan un poquito remarcando más el balanceo? —Hugo osci­la sus propios hombros y el torso— ¿así? La mina se va para la playa, despacito. Matadora. Claro. Vos estás paralizado en la silla, tenés la boca seca y si te mandás un trago del jugo te parece que tragas papel picado. Cualquier cosa parece. Te zumban los oídos.

—Te sale sangre por la nariz.

—No. No. Porque ya te recuperaste. Ya te recupe­raste —ataja Hugo—. Y ya empezás a sentir ¿viste? Esa sensación, esa sensación, ese olfato, esa cosa... de la cacería. ¿No? Para colmo, para colmo —Hugo vuel­ve a poner su mano sobre el antebrazo de Pipo para concentrar su atención.

—Ahá...

—Para colmo, la mina llega al ventanal, todo vidria­do. Porque la parte de la cafetería que da al mar es puro vidrio —asesora Hugo—. Entonces cuando la mina llega a la parte de la puerta donde ya sale a la parte de playa, que hay una explanada y después está la arena, se para. Se para en la puerta, ¿viste? Como deslum­brada por el sol. Y mira para todos lados. Busca algo adentro del bolso con un gesto como de fastidio...

—Los lentes negros.

—Algo así. Lo que pasa es que la mina está aburri­da. Y en eso, antes de salir ya del todo, gira un poco. Y te vuelve a mirar...

—Ahh... jajajá... —ríe nervioso Pipo.

—¿Viste cuando de golpe una mina te mira y vos no sabés...?

—Sí. Si te mira a vos o a alguien de atrás.

—Claro, claro, eso —se enfervoriza Hugo—. Que vos te das vuelta para ver si atrás no hay otro tipo, qué sé yo. Como para asegurarte.

—Sí, sí —se vuelve a reír Pipo.

—Pero no. La mina te vuelve a mirar a vos. Ya no tan largo, pero...

—Está con vos.

—Está con vos.

—La mina siempre seria —casi pregunta Pipo.

—Ah, sí. Sí. Seria. Juna pero ni una sonrisa. Los ojitos nada más. No. No se regala. Digamos...

—Insinúa.

—Eso. Insinúa... Entonces, vos, llamás al mozo. ¿Viste? —se divierte Hugo. Hace voz afónica— "Mo­zo"... No te sale ni la voz. Tenés la garganta seca. "Mozo". Firmás tu cuenta y ahí no más te mandás para la habitación. A los pedos.

—A la habitación.

—Claro. Porque vos ya viste que la mina se fue pa­ra la playa. O sea, la tenés ubicada y un poco la seguridad de que la mina se va a quedar ahí. Entonces vas a la habitación y te pones la malla, cazás una toalla. Una revista...

—Ah. Eso sí. Imprescindible. Un libro...

—Sí. Sí, sí. Un libro, una revista, cualquier cosa, para llevar debajo del brazo y salís rajando para la pla­ya cosa de que no vaya a aparecer algún otro y te primeree. Bajás y te mandás a la playa. Como siempre pasa, la primer ojeada que das, no la ves. Ahí te pu­teás, decís "¿Para qué mierda me fui arriba a cam­biar?". Y te desesperás. Pero por ahí la ves que viene caminando, entre alguna gente que hay, tomando una Coca Cola que ha ido a comprar. La mina te ve pero se hace la sota. Se tira por ahí, en una lona. No, en una de esas reposeras y se pone a tomar sol. Medio se apoliya.

—Ahí te cagó.

—No. Bueno. Al fin te la atracás —sintetiza Hugo.

—Ah no. ¡Qué piola! —se enerva Pipo—. Así cual­quiera. Es como en esas películas donde un tipo dice "me voy a atracar a esa mina" y después ya aparece con la mina, charlando lo más piola, encamado. Y no te dicen cómo el tipo se la atracó. Que es la parte jodida.

—Bueno. Pará. Pará —contemporiza Hugo—. Vos te quedás vigilando. Ves por ejemplo que no hay ningún peligro cercano. Ningún tipo, algún tiburonazo co­mo vos que ande rondando. O hay algún tipo con su mujer que vicha pero se tiene que quedar en el molde pero además vos viste cómo son estas cosas. Los yan­quis, los ingleses por ahí ven una mina que es una bes­tia increíble y no se les mueve un pelo. Ni se dan vuel­ta. No dan bola. No son latinos. Entonces vos ves que no hay peligro cercano y planeás la cosa. Vos tenés una situación privilegiada. Estás solo. Tenés tiempo. Tenés guita...

—No como acá.

—Claro. Además ahí no te juna nadie. No hay que­mo posible. Entonces por ahí te vas un poco al mar, nadás, hacés la plancha. Y cuando volvés ves que la mina está leyendo. En la reposera, pero leyendo. En­tonces vos, desde tu puesto de vigilancia, ni muy cer­ca ni muy lejos, te ponés también a leer. Por ahí te dan ganas, ¿viste? —Hugo busca las palabras—, de lar­gar todo a la mierda, cazar un bote, alquilar un cata­marán y disfrutar un poco en lugar de andar sufriendo por una mina que por ahí... Pero claro, cuando la mirás y por ahí la ves mover una piernita, sacudir un poco el pelo rubio se te queman todos los papeles. Te hacés el bocho como un loco. Se te seca de nuevo la garganta.

—Venís muerto.

—Lógico. En eso la mina se levanta y se va para un barcito que hay en la playa, muy bacán. Ese es el mo­mento, es el momento... Lo que vos me pedías que te explicara.

—Claro —parece que se disculpara Pipo— porque si no, es muy fácil...

—La mina va, se sienta en un taburete, debajo de esos quinchos, ¿viste?, como de paja, cónicos, pero grande, porque ahí está el bar. Y vos vas y te sentás al lado. Ya sin hacerte tanto el boludo, ya, ya en la lu­cha. Y ahí vas a los bifes. Le preguntás, por ejemplo "¿usted es norteamericana?" En un tono monocorde, casi digamos, periodístico. Sin sonrisitas ni nada de eso. Ahí la mina te mira un momento, fijamente y es cuando...

—Te cagás en las patas —dictamina Pipo.

—¡Claro! ¡Claro! Porque ése es el momento cru­cial. Ahí se juega el destino del país. Si la mina se hace la sota y mira para otro lado. O dice "sí" caza el vaso y se alza a la mierda, perdiste. Perdiste comple­tamente. Pero no. La mina te mira, dice: "Sí". "Sí ¿por qué?". Y se sonríe.

—¡Papito!

—¡Papito! ¡Vamos Argentina todavía! ¡Se viene abajo el estadio! —Hugo se sacude en la silla— ¿Viste esas minas que son serias, que no se ríen ni de casuali­dad, pero que por ahí se sonríen y es como si tuvie­ran un fluorescente en la boca? ¿Qué vos no sabés de dónde carajo sacan tantos dientes? Una cosa... —Hu­go estira la comisura de los labios con los dientes de arriba tocándose apretadamente con los de la fila inferior.

—Como la Farrah Fawcett.

—Sí. Que es una particularidad de las modelos —asesora Hugo— Están serias, de golpe le dicen "sonreí" y ¡plin! encienden una sonrisa de puta ma­dre que no sabés de dónde la sacan... Bueno, la rubia te mira, te dice "sí ¿por qué?" y...

—Te da el pie.

—Claro. Te da el pie, para colmo. Entonces vos de­cís "permiso", el barrio es el barrio, y te sentás en el taburete de al lado y entrás al chamuyo... —Hugo lle­va dos o tres veces el dedo índice de su mano derecha a la boca y lo hace girar hacia adelante como quien desenrolla algo. Pipo hace un gesto escéptico.

—Muy facilongo lo veo —dice.

—Lo que pasa es que la mina está con vos. Está con vos. La mina ya tiene decidido que te va a dar bo­la. No va a andar haciendo las boludeces de hacerse la estrecha o esas cosas. Es una mina que está en el gran mundo internacional y sabe lo que quiere. La mina va a los bifes. No se regala pero va a los bifes. Si le gusta un tipo le da pelota de entrada y a otra cosa.

—Eso es cierto. Esas minas son así.

—Entonces vos empezás el chamuyo. Ya tranquilo. Ya gozando la cosa porque sabés que la cosa viene bien, ya estás en ganador y medio que ya te estás ha­ciendo la croqueta pensando que te vas a llevar la ru­bia para la pieza del hotel y esas cosas. Ya entrás a disfrutar, ahí, vos, ganador. Garpás los tragos, tirás unas rupias sobre el mostrador al grone y te vas con la mina para las reposeras. La mina, claro, una bola bárbara. Y vos ves que los tipos te junan como di­ciendo "hijo de puta, se levantó el avión ése". Pero vos, un duque, fumás, te hacés el sota y la ves caminar a la rubia adelante tuyo, en la arena, ahí, el pantaloncito ajustado y pensás "Dios querido ¡Y esta mina es­tá conmigo!". Y bueno...

—Bueno —suspira Pipo, aflojando un poco la ten­sión. El peor momento ya ha pasado.

—En fin. Entonces escuchame como es la milonga. ¿No? La milonga del día perfecto. Al menos para mí. Primero, ahí, en la playa, con la rubiona. Un poco de natación, el mar, las olas. Alquilás un catamarán, te vas con la mina de recorrida. Y a eso de las seis, siete de la tarde, te mandás al bar y te das algún trago largo...

—Un ron Barbados.

—Puede ser. Puede ser. Fijate, fijate... —gesticula, calculador, Hugo—. Me gustaría más un gin-tonic. Un gin-tonic.

—Loco, eso pedilo en Mombasa, en algún boliche de ésos. Pero no te pidas un gin-tonic en un lugar así. Con esa mina...

—Grave error. Grave error. ¿Qué tomaban los tipos que aparecen en la novela de Hemingway, de ésas en el Caribe, Islas en el Golfo, por ejemplo?

—Bacardí.

—Bacardí ¡Y gin-tonic! Gin-tonic, mi amigo. Pero la cosa no es esa. No es que vos vayas a pedir tal o cual trago. No. La cosa es que no te des con algún tra­go que te tire a la lona. Tenés que tomar algo que más o menos sepas que te la aguantás. Algo que te achis­pe, que te ponga vivaracho pero que no te haga pelo­ta. Mirá si todavía que ya tenés la mina en casa te le­vantás un pedo que flameás o te descomponés y des­pués andás con diarrea, te cagás ahí en el lobby del hotel...

—Vomitás —se asqueó Pipo.

—Vomitás. Le vomitás las pilchas a la mina. Un asco. No. No. Por eso, por eso, pedís algo sobrio, que vos sabés que te la aguantás y que te ponga ahí, en el umbral de la locura para acometer el acto... el ac­to... el acto carnal. Además vos ves que el asunto viene sobrio. Sin espectacularidad. No te vas a pedir tam­poco uno de esos tragos que vienen adentro de un coco partido por la mitad, que adentro le meten flo­res, guirnaldas, guindas, que lo tomás con pajita. Eso es para las películas de Doris Day que todos bailaban en bolas al lado de la pileta...

—Doris Day. Qué antigüedad.

—No. Vos te pedís entonces un gin-tonic. La mina alguna otra cosa así. Ahí charlás un ratito. La mi­na muy piola. Muy bien. Muy agradable. Simpática.

—Muy bien la mina —certificó Pipo, como asom­brado.

—Sí. Sí. Una mina de unos 26, 27 años. No una pendeja. Casada. Bien en su matrimonio. Bien. Que sabe lo que está haciendo. La mina quiere pasar bien esa noche, y a otra cosa.

—Claro.

—Claro. Ninguna complicación. No es de las que te va a hacer un quilombo al día siguiente ni nada de eso. La mina sabe cómo son estas cosas.

—No. No se te va a venir a la Argentina tampoco.

—¡Nooo! ¡No! No es de ésas que agarran el teléfo­no y te dicen "Arribo a Fisherton mañana". Y se te arma tal despelote. No nada de eso. Entonces...

—Entonces.

—Entonces, son como las siete, las ocho de la tar­de —el relato de Hugo se hace moroso— Te vas con la rubia a la habitación del hotel.

—¿A la tuya o a la de la mina?

—A cualquiera. Allá no es como acá que por ahí te agarra el conserje y no te deja entrar con la mina en la pieza. Allá no hay problemas. Te vas con la mina a la habitación. No. Mejor le decís a la mina que vaya a su habitación. Vos vas a la tuya y te das una buena ducha.

—Te sacás toda la arena.

—Claro, te sacás la arena. Los moluscos que te ha­yan quedado pegados. Y te vas a la pieza de ella. —Hugo hace un pequeño silencio contenido. Y bueno. Ahí, viejo ¿para qué te cuento? —sigue—. Te echás veinte, veinticinco polvos. Cualquier cosa.

—¿Veinticinco, che? —duda Pipo.

—Bueno... Dejame lugar para la fantasía. Bah... Te echás cinco, seis. De esas cosas que ya los dos úl­timos la mina te tiene que hacer respiración boca a boca porque vos estás al borde del infarto...

—Sí. Que ya lo hacés de vicioso.

—Claro. Pero que te decís: "Hay un país detrás mío." No es joda.

—Muy lindo, che. Muy lindo —aprueba Pipo, que se ha vuelto a repantigar en la silla y manotea, distraído, el paquete de cigarrillos.

—No. No —le llama la atención Hugo—. No. Aho­ra viene lo interesante. Porque yo te digo una cosa. Te digo una cosa... eh... Pipo. Te digo una cosa Pipo: El mundo ha vivido equivocado. El mundo ha vivido equivocado. Yo no sé por qué carajo en todas las pe­lículas el tipo, para atracarse la mina, primero la invi­ta a cenar. La lleva a morfar, a un lugar muy elegante, de esos con candelabros, con violinistas. Y morfan co­mo leones, pavo, pato, ciervo, le dan groso al cham­pán mientras el tipo se la parla para encamarse con ella. Yo, Pipo, yo, si hago eso... ¡me agarra un apoliyo! Un apoliyo me agarra, que la mina me tiene que llevar después dormido a mi casa y tirarme ahí en el pasillo. O si no me apoliyo me agarra una pesadez, un dolor de balero. Eructo.

—Y eso no colabora.

—No. Eso no colabora —Hugo se pega repetidamen­te con la punta de los dedos agrupados en la frente—. ¿A quién se le ocurre, a quién se le ocurre ir a enca­marse después de haber morfado como un beduino? Es como terminar de comer e ir a darte quince vuel­tas corriendo alrededor del Parque Urquiza. Hay que estar loco.

—Sí. Es cierto.

—Por eso te digo. El mundo ha vivido equivocado. Yo no sé cómo hacían los galanes esos de cine que se iban a encamar después de comer.

—Es la magia del cinematógrafo, Hugo. Hay que ad­mitirlo.

—Pero en este día perfecto que te digo yo —pun­tualiza, orgulloso, Hugo— vos terminás de echarte los quince polvos con la rubia, te levantás hecho un duque. Te pegás una flor de ducha, cosa de quitarte de encima los residuos del pecado y ¿qué te pasa? Te­nés un hambre de la puta madre que te parió. ¡Lo­co! No comés desde el desayuno. Acordate que no co­més desde el desayuno que picaste alguna boludez. Y después no almorzaste porque un tipo que está de ca­cería no puede permitirse andar con sueño y hecho un pelotudo. Entonces, entonces... imaginate bien, eh. Prestá atención. Te empilchás livianito, la mina también. Ya es de noche, te has pasado cerca de tres horas cogiendo y la luna se ve sobre el mar. Está fresquito. No hay ese calor puto que suele haber acá. Ahí refresca de noche. Vos abrís bien las puertas de vidrio que dan al balconcito y desde abajo se escucha la música de una orquesta que es la que anima el bai­longo que se hace abajo, porque hay mesitas en los jardines, entre las palmeras y ahí los yankis cenan y esas cosas. Vos no. Vos como un duque, pedís el morfi en la habitación. ¡Imaginate vos! —Hugo reclama más atención de parte de Pipo— Vos ahí te sentís Gardel. Acabás de encamarte con una mina de novela. Estás en un lugar de puta madre, tenés un hambre de lobo. Sabés que tenés todo el tiempo del mundo para comer tranquilo. La mina es muy piola y agradable y no te hace nada, al contrario, te gratifica que ella se quede con vos después de la sesión de encame. No es de esas minas que después de encamarte tenés unas ganas locas de decirle "nena, ha sido un gusto haberte conocido; ahora vestite y tómatela que tengo un sue­ño que me muero y quiero apoliyar cruzado en la ca­ma grande". No. La mina es un encanto. Entonces te hacés traer un vino blanco helado, pero bien helado de esos que te duelen acá —Hugo se señala entre las cejas— ¡Bien helado!

—¡Papito!

—Porque también tenés una sed que te morís. Te has pasado todo el día en la playa, bajo el sol. Y ade­más después de un enfrentamiento amoroso de ese tipo si no tenés a tiro un buen vino blanco pronto ca­paz que te chupás hasta el bronceador.

—La crema Nivea.

—Y ahí te sentás con la rubia —Hugo se arrellana en su silla, hace ademán de apartar las cosas de la mesita— y le entrás a dar a los mariscos, los langostinos, la langosta, algún cangrejo, con la salsita, el buen pancito. Pero tranquilo, eh, tranquilo... sin apuro. Mi­rando el mar, escuchando el ruido del mar. Sos Pelé. Sos Pelé.

—Alguna que otra cholga —aventura Pipo.

—Sí, señor. Alguna que otra cholga. Pulpo. Mucho pulpito. Y siempre vino ¿viste? Le das al blanco. Sin apuro. Ahí es cuando entrás a charlar con la mina de cosas más domésticas. De la casa. De la familia. Cuan­do ya no es necesario hacer ningún verso.

—Cuando ya te aflojás.

—Claro. Ese momento es hermoso. Entonces le contás de tu vieja. De tus amigos. Que tenés un perro. Que de chico te meabas en la cama. La mina te cuen­ta de su granja en Kentucky. Que le gustan los hela­dos de jengibre. Pero ya tranquilo. Estás hecho. Estás hecho. Porque si vos morfás antes de encamarte —vuelve a la carga Hugo—, por más que te sirvan el plato más sensacional y lo que más te gusta en la vida a vos no te pasa un sorete por la garganta porque te­nés el bocho puesto en la mina y en saber si te va a dar bola o no te va a dar bola. Comés nervioso, para el culo, te queda el morfi acá. La mina te habla de cualquier cosa y vos estás pensando "Mamita, si te agarro" y no sabés ni de qué mierda está hablando ella ni qué carajo le contestás vos. Es así. ¿Es así o no es así?

—Es así.

—Entonces ahí, después de morfar como un as­queroso, después de bajarte con la rubia dos o tres tu­bos de blanco, vos vas sintiendo que te entra a agarrar un apoliyo ¡pero un apoliyo! Sentís que se te bajan las persianas.

—Ahí es cuando uno ya se entra a reír de cual­quier pavada.

—¡Eso! ¡Claro! —se alboroza Hugo por el aporte de Pipo—, que te reís de cualquier cosa. Bueno, ahí, te vas al sobre. Sabés, además, que podés al día siguiente dormir hasta cualquier hora porque vos te vas, ponele, a la noche del día siguiente. Y te acostás con la rubia, ya sin ningún apetito de ningún tipo, sólo a disfrutar de la catrera. Te vas hundiendo en el sueño. Te vas hundiendo. Está fresquito. Entra por la ventana la bri­sa del mar. Oís el ruido del mar. Un poco la música de abajo...

Hugo se queda en silencio, mordisqueándose una uña. Casi no hay nadie en El Cairo. Pipo también se ha quedado callado. Bosteza. Mira para calle Santa Fe. Hugo busca con la vista a Molina, que está charlando con el adicionista. Levanta un dedo para llamarlo. Molina se acerca despacioso pegando al pasar con una servilleta en las mesas vacías.

—Cobrame —dice Hugo.

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domingo, julio 15, 2007

Un sueño para los doctores Jung y Freud: Alcalde de Caracas Freddy Bernal y Paris Hilton se casan (Semana surrealista en Caracas parte I)

Tal vez sea la confirmación de una teoría: esta profesión nuestra de inventar y ordenar historias y enseñar a los demás a inventarlas y ordenarlas, le quite lustre al sueño: a veces sentimos que la sucesión de imágenes nocturnas no es más que una versión burocrática, un compromiso para pasar las horas antes de la próxima dosis de vigilia... con excepciones...

anoche nos dormimos en medio de la presentación de Corpse bride de Tim Burton en HBO. Y comenzaron las apariciones.

Algunas se perdieron, asentadas, como sedimentos en el fondo de un vaso. Una volvió con nítidez al despertar: dábamos clase en un salón reducido y, de repente, alguien toca la puerta. Seguimos hablando y la puerta se abre y se me pide que me acerque. Lo hago, me comunican que necesitan que sirva de traductor.

Salimos a la recepción del instituto y allí está Paris Hilton. Se nos explica que el alcalde Bernal ha decidido separarse definitivamente de su esposa y va a casarse con su amante de algunos años, la señorita Hilton. Necesitan que hablemos con ella porque, por alguna razón, la futura primera dama de Caracas se alojará antes del evento en una sala de nuestro instituto y hay que mostrar todo tipo de atenciones.

Allí estaba Freddy Bernal. Extrañamente y por obra del sueño convertido en un enano que llegaba apenas a la cintura de Paris. Pero, como podría esperarse, con la cara de satisfacción con la que los funcionarios chavistas manejan sus Hummers, el alcalde rodeaba a la casi impercetible figura de la socialité ex-convicta.

Allí estuvimos, recibiendo apretones del alcalde Bernal, sonriendo a Paris y preguntándole por su viaje, haciendo tiempo, hasta que su habitación improvisada estuviera lista.

Cuando nuestra misión intercultural terminó salimos del instituto -que resultó estar en un centro comercial- y tenemos la oportunidad de escuchar a la gente, frente a la vidrieras y dentrás de los mostradores de tiendas y restaurantes, que ya va pasándose el rumor de haber visto a Paris Hilton y nada menos que con Freddy Bernal.

Y así fuimos viendo y escuchando chismosos hasta el amanecer.

¿Será que Jung, Freud o sus seguidores nos descifran?

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sábado, junio 16, 2007

Un golpe de genio: la respuesta de Earle Herrera a la petición de repartición de riquezas de Hugo Chávez

No sabemos por qué, en estos tiempos de revolución mercenaria, el periodista y diputado a la Asamblea Nacional Earle Herrera no vendió de manera privada esta fórmula a los varios testaferros y nuevos ricos revolucionarios.

Sin embargo, lo que ha logrado su excelencia legislativa y revolucionaria, es notable. Hugo Chávez puso el dedo en la llaga. Pidió a sus seguidores, en una bufa imitación de la sugerencia de Cristo a cierto personaje, que se despojaran de la riqueza, que llevaran aquella nevera, aquel exceso que tuvieran en la casa a la Plaza Bolívar para repartirlo con el pueblo.

Por allí salieron algunos demagogos a entregar un carro destartalado, el gobernador de Falcón entregó un terreno. Lo más se han hecho los confundidos. Wilmer Ruperti huyó hacia adelante y anda de lleno en el encarcelamiento del periodista José Rafael Ramírez. El nuevo país y Tal cual se han dado banquete preguntándose cuando la familia Chávez comenzará el reparto de las tierras que han acumulado durante estos años de sacrificio revolucionario en el estado Barinas.

Pero mientras el tráfago del mundo ordinario engullía a estos personajillos, Earle Herrera meditaba. Tal vez, como su cuasitocayo de la serie My name is Earl, ansía acumular buen karma.

Herrera habló: presidente, yo pongo a disposición lo que me sobra: mis carencias.

¡Eureka!

Ahora iremos todos a dejar la mitad de nuestras deudas crediticias, la mitad de la lista de cosas que deseamos comprarnos y no podemos, la mitad de las cosas que nos faltan por saber.

Entonces la Plaza Bolívar, en lugar de seguir siendo el refugio de abuelitos benefactores de palomas, de exaltados predicadores evangélicos ofreciendo el cielo y amenazando con el infierno a quien se resista, de revolucionarios de anhelantes ojos con el signo del bolívar fuerte grabado en el iris; en lugar de convertirse en el más formidable deposito de joyas, lujos y maravillas que la riqueza petrolera ha costeado a los sumisos a este régimen; será más bien un punto de encuentro de ahogados deudores, de ignorantes, de niños de la calle, de todo aquel con una carencia.

Y, cuando vega la repartición: ¿quiénes asumirán el botín?

¡Salve, gran Earle!

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miércoles, mayo 30, 2007

Una rectificación: sobre el ministro William Lara y su rueda de prensa

Errar es de humanos. De oposicionistas rectificar -que la revolución es infalible.

Hace un par de días dijimos que el ministro del poder popular para algo William Lara quiso recordarnos con su extravagante rueda de prensa un programa de Radio Caracas Televisión para que no extrañáramos el canal que arbitrariamente cerraron, y comentamos que dicho programa era el espacio decano del humor televisivo, la Radio Rochela.

Erramos, erramos, erramos.

Hemos vuelto a ver las imágenes de cnn, del intento de asesinato a Juan Pablo II con la canción de Rubén Blades.

El programa que nos quiso hacer recordar el ministro es, en realidad, el Loco, video loco.

Ofrecemos excusas.

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lunes, mayo 28, 2007

Un gesto amable de la revolución: Ministro William Lara, para que nadie extrañe a Radio Rochela, da una ridícula rueda de prensa

No hay duda, la revolución aprieta, gana pero no convence, y tampoco ahorca...

Como muchos en la noche estarán extrañando a Radio Rochela, William Lara, ministro del poder popular para la comunicación e información, y quien ha llevado el servilismo adonde sólo ha llagado la NASA, decidió que nos quitaría la nostalgia y convocó uan rueda de prensa para hacer anuncios muy importantes...

Se trata, no faltaba más, de un par de importantes denuncias en relación con el "acoso" al que está siendo sometido el gobierno venezolano, las cuales ha presentado ante el magánimo Isaías Rodríguez, el buen fiscal alguna vez defraudado por creer en la mirada intensa de un testigo estrella.

Para el comienzo, el abreboca: unas imágenes de CNN en un resumen el cual abarcaría tres noticias: Asesinato de líder de Al qaeda, Disturbios en Macao y Hugo Chávez y sus procederes. ¿Material de apoyo? Collage con las tres imágenes una al lado de la otra. ¿Qué denuncia el ministro? Resulta pues que el ministro -al menos sabemos en qué gasta alguna de las partidas presupuestarias- contrató a unos semilógos. Estos genios, después de hurgar en la insondables profundidades teóricas y de deconstruir las imágenes propuestas, llegaron a la siguiente conclusión: la imagen tiene el mensaje subliminal: "Chávez es igual a violencia y muerte"

Sin comentarios.

Luego, resulta que el ministro -¡cómo no, cómo no!- tenía denuncia contra Globovisión. Resulta que antes de un corte de Aló, ciudadano, con Marcel Granier de invitado, Leopoldo Castillo despide. Comienza la canción que sonó durante TODO EL SANTO DÍA DE AYER, EN CADA CORTE, EN DIFERENTES IMÁGENES pero, en esta ocasión, coincidió con la repetición del especial de noticias de RCTV, específicamente, con el atentado a Juan Pablo II. Para este análisis, el ministro no se conformó con sus semiólogos sino que ayer domingo, seguramente entre los principales seguidores de Umberto Eco, contrató unos semiólogos independientes que concluyeron: "Es una invitación al magnicidio por parte de globovisión".

Por favor, ministro, ¿qué tal si habla de las múltiples manifestaciones estudiantiles? ¿de las películas lamentables que me comentan está pasando Teves? ¿del paradero del presidente, que seguramente anda bajo los faldones de la momia Fidel Castro?

Finalmente, señor ministro, ¿ya pidió al Tribunal Supremo que dicte medida para que ponga a su disposición el disfraz de Popy o continuará de civil?

De repente así, hasta da risa.

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domingo, mayo 27, 2007

Una pregunta: ¿qué hara la revolución de caricatura de Hugo Chávez el espacio de 15 minutos antes de robar la señal de RCTV para el bodrio Teves?

Ya no es a las 12:01 am de 28 de mayo sino como a las 12:15, total, la puntualidad es una imposición imperialista, seguramente. Pero, ¿qué harán los revolucionarios en esa ventana de tiempo?

Imaginemos:

1)Rezos de agradecimiento a los Orishas

2)Conference call con La Habana para la momia Fidel Castro dé algunos consejos a su pupilo

3)Curso de actuación flash para Henry Galué y Pedro Lander

4)Retoques cosméticos para que los revolucionarios luzcan menos espantosamente que de costumbre

5)Confección de la lista de excusas para explicar por qué habrá una diferencia abismal entre RCTV y Teves

6)Lil Rodríguez, presidente de Teves, redactará algunas metáforas seudopoéticas

7)Trabajarán por llegar a un acuerdo para la tarifa que cobrarán por las horas extras los manifestantes de la Plaza Morelos

8)Colocarán más maquillajes a los policías metropolitanos "heridos"

9)Buscarán a Geovanny Vázquez para abrir con una de sus miradas malignas que hipnotizaron al fiscal Isaías Rodríguez

10)Esperarán para que el sonido a reventar de alarmas, cacerolas y sirenas los deje transmitir

11)Es el tiempo que necesitará Mario Silva para trasladarse desde Los Ruices a la sede del nuevo canal

12)Finiquitarán contrato con smartmatic para que ésta se vuelva empresa de medición de sintonía y diga que 500 millones de venezolanos vieron los primeros minutos de programación

13)Hugo Chávez examinará el catálogo de aviones de la Fuerza Aérea a ver cuál es el más parecido a la Vaca sagrada perejimenizta, por si acaso.

14)En el departamento de guerra sucia de VTV arman montajes de Patricia Poleo y Carlos Olivier disparando contra los policías "heridos"

15)Es el tiempo que necesita para recuperar el aliento después de que los revolucionarios lean las cifras de sintonía de RCTV hoy que deben haber sido fácilmente las más altas de la historia

16)Es un colchón de tiempo para gerenciar la incapacidad inherente a los agentes de la revolución

17)No consiguen el disfraz de Semillita

18)Tratan de ver si le consiguen un chiste bueno a Joselo

¿Faltará alguna?

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miércoles, abril 04, 2007

Una invocación a la estupidez: los comentarios del amigo José Nieto Echarri

Fito Páez ya describía en "Al lado del camino" a esa gente que "ronda por siniestros ministerios/haciendo la parodia del artista/que todo lo que brilla en este mundo/tan sólo les da caspa y les da envidia".

El amigo José Nieto Echarri, de rimbombante apellido que evoca las grandes bodegas vinícolas del sur del continente, ronda, seguramente después de haber leído que hacerlo es una buena manera para que alguien lea blogs anónimos, por diferentes sitios de la blogosfera para dejar sus gotas de sabiduría...

Nieto Echarri lleva un blog almidonado y amanerado donde José Balza, Gustavo Guerrero y Cervantes confluyen en temas de alta cultura, el guión que debe separar -o no- al apellido de Mariano Picón-Salas (o Picón Salas) o de actualidad como el aborto. Y el amigo sueña con cargos borgianos en una biblioteca, y utiliza palabras como "ampuloso", "punición", "ineluctablemente", "cabriolas", "contubernio". Aunque un momento después se quita el sombrero de Bello o de Darío para comentarnos cómo le llama la atención el "bollo" -eufemismo (¡que en este blog hay de todo, incluso palabras rebuscadas!) para órgano sexual femenino- de Ele o se pregunta por algún "panita".

Un par de veces hemos contado con la dicha de que este individuo de tan alta estatura cultural nos comente, una vez en relación con la locura boliviana de exigirle a la coca-cola cambio de nombre. Nótese el logrado y majestuoso efecto poético, la cadencia rítmica de la frase, la Coca cola toca alturas nuevas:

"Cómo no hablar bien de la Coca Cola al hablar mal de los comunistas. Cómo no hablar bien de los comunistas al hablar mal de la Coca Cola."

La otra más reciente, ayer mismo, en relación con nuestra entrada sobre el concurso de cartas de amor de Mont Blanc.

""Fuimos uno de los quince finalistas". ¿Cómo? ¿Tú eres varios que se transforman en uno o uno que se transforma en varios por virtud de un artificio pronominal que no dominas?"

¡Cuánto conocimiento del castellano! Robándole a Milagros Socorro su frase sobre Andrés Bello: ¿cómo se puede saber tanto?

Pero no nos embarga el desánimo, nunca, hemos decidido cumplir penitencias ante el Nazareno o a la imagen religiosa de preferencia del sabio Nieto Echarri (¡sabio, como Cecilio Acosta, como Cagigal!) para enmmendar nuestros errores, que bien lo merecemos.

Después de todo, a nosotros nos comentó con tono conciliador, pedagógico y no de la forma un tanto heterodoxa en la cual abordó Nieto Echarri la labor de expansión cognitiva con la amiga Marta de En la ciudad:

"Oye, quería, por mi propia evocación de las portuguesitas de Chacao al leer tu entrada, dejarte un comentario de un modo adecuado. Pero me lo impide el ruido desastroso del ciber donde estoy..."

O al amigo Juan Guerrero de Papeles de Agua:

"Oye, pensaba dejarte un comentario a tono con tu poema pero me lo impide el ruido de este ciber donde estoy..."

O a la gente de De mala madre:

"Yo mismo le oí a la profesora María del Pilar Puig, allá en la Escuela de Letras, que dizque "el poder no tiene erótica".

Me explayaría en esto si no me lo impidiera el ruido de este ciber donde estoy..."

¡Cuán injusto el ruido de la ciudad con el sabio! ¡Oh, divinas las moradas allende la urbe do ha de morar el hombre de virtud para cultivar el don del intelecto!

Pero, entre tanto, aunque la naturaleza se oponga y los cybers se rebelen, él no cesa en su intento y comenta con acierto y malabares deslumbrantes a Roberto Echeto, Luis Barrera Linares, María Celina Núñez, Rafael Osio Cabrices, Fedosy Santaella, Enza García Arreaza por sólo mencionar algunos...

Ya tendrá tiempo Nieto Echarri de limar las asperezas entre el contenido superior de su blog y la sensibilidad del lector común y corriente, ya la torre a la cual aludía Virginia Woolf se inclinará hasta llegar a ras de piso y entonces podremos dialogar de manera fructífera...

Mientras tanto, ineluctablemente, estaremos distanciado de la ampulosidad de las cabriolas estilísticas del sabio y lo veremos tras una barda mientras en contubernio gozoso se lía con los de su estirpe. Nosotros, humildemente, nos sometemos a la punición que el destino nos depare.

De cualquier manera, panita, también hay poesía en los bollos...

¡Que tenga feliz Semana Santa!

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martes, marzo 27, 2007

Una canallada revolucionaria/farandulera: Henry Galue y Semillita marchan a favor del cierre de RCTV

Dime con quien andas y te diré quién eres, reza el dicho popular...

Pues William Lara y compañía, tratando de dorar la píldora de su arbitrariedad ahora, aparte de grafittis incoherentes donde dicen que "el publo tiene con qué" -en alusión al slogan de RCTV- y que no le van a "renovar la concesión a la mentira", organiza marchistas de adulones a sueldo...

En este caso le tocó al villano Henry Galué, que tan infeliz no sería en la televisión privada pues nos lo tuvimos que calar por años siendo que repetía el mismo estereotipo una y otra vez, y, nada más y nada menos, que esa especie de engendro, de intento de payaso-personaje-humorista que es "Semillita" (sí, el mismo del Amarillito pollito, que ahora es Rojo, rojito) quien también tuve su buena tajada de la Rochela...

Ese es el problema con los comunistas: comienzan siendo los románticos empedernidos y luego se trasnforman en los más pragmáticos del mundo para conservar a costa de lo que sea su cuota de poder -llamese chequesito de misión, carguito en el ministerio, etc...

Además, tienen mala memoria... tal cual la amiga Stefania Mosca cuando devengaba sueldo en la boca del lobo de la oligarquía, la Universidad Metropolitana...

¿Qué más pueden dar estos personajes que pena ajena?

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domingo, marzo 25, 2007

Un amigo en tiempos de crisis: My therapy buddy

Siempre lo repetimos en los talleres: hay cuestiones últimas en nuestra esencia humana que no hemos podido -y seguramente nunca podremos- resolver por más tecnología, autoayuda, nueva era y otras especies a las cuales acudamos: la muerte, la soledad, la melancolía son algunas de nuestras parejas en esta poligamia emocional que no permite divorcio durante el tiempo de nuestra existencia física.

Por esta razón, empeñado el hombre como está en rebelarse frente a su destino, surgen sucedáneos y soluciones parciales para tratar de dar respueta a estas cuestiones últimas.

La primera vez que vimos a este muñeco azul y barrigón fue en American inventor, el capricho de Simon Fuller -creador de la franquicia Idol- y Peter Jones, nuevo magnate de la comunicación que busca contenido para su canal.

Richard Kopelle, su creador, llegó convencido de que llevaba la nueva respuesta para un público como el nortamericano que suele tener abiertos corazones, billeteras y chequeras para el entusiasmo más reciente.

Salió con las manos vacías y dándole uso a su invención como consuelo.

My therapy buddy: Ser y parecer

Kopelle dice que su muñeco es "un objeto transicional, en la forma de un acompañante personal diseñado para la internalización de varias funciones maternas, consideradas piezas fundamentales en la construcción de nuestra estructura psíquica. Es un amigo maravillosamente suave y abrazable que ofrece gran contacto táctil y provee emotivas y reconfortantes palabras de efecto positivo en nuestro bienestar emocional". Todo pulpero alaba su queso dicen por ahí.

En realidad se trata de una peluche relativamente grande, con brazos extendidos y que, al apretarse, repite con voz un tanto extraña "Everything is going to be all right". Eso es lo que hace. Simplemente.

Los jueces de American inventor fueron crudos con el buddy. El publicista Ed Evangelista, quien casi siempre es un "sí" asegurado, dijo: "Si alguien me ve caminando por la calle con esa cosa, me encerrarán [¿en un manicomio?]"

Peter Jones fue directo: "Si necesito que un muñeco me diga que todo va a estar bien, algo debe ir muy mal".

Así acabó el Inventor para Kopelle y el peluche azul pero continuó "el sueño".

My theraphy buddy: más vivo que nunca

¿Le parece que necesita uno de estos muñecos? Sólo 70 dólares que a cambio venezolano de hoy son bs. 150.500, que en bs. F. serán 150.5, lo separa (más envío, por supuesto). Únicamente hay que entrar al portal My therapy buddy y encargarlo.

Será más aseado y limpio que una mascota, menos exigente que una pareja, menos comprometedor que una muñeca inflable de sexshop. El único riesgo será que las autoridades aduaneras venezolanas piensen que es un sofisticado implemento para un intento de magnicidio, entonces tendrán que llamar al experto Pedro Carreño para evaluar a su bbudy, y tal vez nunca llegue a sus manos.

Sino puede comprar también franelas en dos modelos y se evita el problema.

O, simplemente, búsquese un cojín, abrácelo y haga click en el "replay" de esta página y así sabrá que, aunque venga el quiebre comunista con reconversión monetaria, aunque Fidel regrese al poder en abril, aunque Estados Unidos invada a Irán, aunque se acabe la educación privada usted puede estar tranquilo: Everything is going to be all right.

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jueves, marzo 22, 2007

Una reflexión de Emilio Lovera a propósito de Bolívar y la revolución chavista



Pese a que en cualquier otro momento histórico hablar de una reflexión de un humorista podría resultar una posible exageración, un uso descuidado del lenguaje, si algo nos ha dejado la revolución chavista ha sido que, en medio del desespero para comprender tanto despropósito, nos hemos vuelto como filosóficos en masa...

En este caso, ayer, cortesía de Häagen-Dazs, vimos a Emilio Lovera en la toerre Corpbanca: fueron una hora y veinte minutos de uno de los humoristas que más ha madurado el concepto de lo que presenta: ya no es simplemente la sucesión de chistes sino que parece haber una estructura muy bien determinada que organiza el discurso, incluyendo los momentos en los cuales participa la pequeña banda que le acompaña...

Emilio Lovera, con su pasado de RCTV a cuestas...

En un momento del show va recreando en forma chistosa la forma como Simón Bolívar iba reclutando a los llaneros que le acompañarían en las múltiples batallas frente al imperio español...

Después de la broma vino la excusa casi obligatoria: Simón Bolívar es digno de toda admiración por sus dotes de estratega militar, por su valentía...

Justo después, la reflexión:

Si logró todo eso Bolívar con tropas insuficientes y poco entrenadas y algunos caballos: ¿qué no haría con una Hummer y un ak-47?

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sábado, febrero 10, 2007

Una incógnita a partir de un comentario anónimo

Hace un par de días escribíamos una entrada sobre el show que Lucio Gutiérrez ha montado en Ecuador al tildar de autoritario a Rafael alias correazo Correa... como se dice en criollo, cachicamo diciéndolo a morrocoy conchúo...

El punto es que, como respuesta a dicha entrada, recibimos el siguiente comentario:

"¡Ululación! No puedo creer que el alfilerillo Pitt daría para arriba Jennifer Aniston. Significo, realmente le consiguen ser una perra para que le consiga lejos de ella."

Después de leerlo detenidamente hemos comenzado a tratar de adivinar de qué se trata y lo hemos limitado a las siguientes opciones:

1)Mera confusión

2)Insulto críptico

3)Dislexia de blogs y entradas

4)Locura producida por el presidente Chávez (sin duda, parece que Chávez lo tiene loco)

5)Sofisticada alegoría...

¿Será que alguien nos ayuda a descifrar?

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viernes, febrero 09, 2007

Una consigna futbolística adaptada a la revolución bolivariana

"Y, ¿dónde están?
Y, ¿dónde están?
Los organopónicos que nos iban a alimentar"

(Están vueltos el estercolero preferido de indigentes y animales del Paseo Vargas.
¿Hacia dónde irá la Electricidad de Caracas?)

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jueves, febrero 08, 2007

Una propuesta: nuevo nombre para el ministerio de educación venezolano

Si tomamos en consideración que los ministerios venezolanos ahora son "del poder popular"...

Y la intención ideologizante del nuevo ministro Adán Chávez, proponemos el siguiente nombre para el antiguo e inmoral ministerio de educación:

"Ministerio rojo rojito del poder popular socialista eterno castrista guevariano robinsoniano chavista para la educación marxista bolivariana solidaria antiglobalizadora contraimperialista para las naciones"

Hemos dicho...

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jueves, febrero 01, 2007

Un esfuerzo académico: Fidel Castro estudia postgrado ecológico

El presidente Chávez vino reanimado de la visita a Fidel, así son estos amores ideológicos...

Y nos trajo la noticia de que no sólo es que Castro no se está muriendo sino que se ocupa, ahora que ha delegado las funciones de gobierno en su hermano Raúl, de estudiar -seguramente con la gente aquella que vendía los cursos de dibujo y detectivismo por correspondencia- un postgrado sobre la problemática del calentamiento global...

La mejor prueba es que, como los alumnos de la UNEFA, ahora no se quita un mono deportivo...

Además, últimamente se rumora que, considerando las herramientas adquiridas en este programa, Fidel ha decidido no morir por ahora, pues teme que su entierro termine contaminando el planeta...

¡Salud por la ecología!

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miércoles, enero 31, 2007

Una muestra del espejismo cubano: reacciones al videíto de Fidel

Vamos a estar claros: si estamos sanos y decimos que estamos sanos, salimos y nos mostramos, carne y hueso, vivo directo... por lo tanto, si tenemos que sacar un video grabado clandestinamente un día antes y mostrar un periódico de un par de días más atrás, como si fuéramos secuestrados dando fe de vida, algo está indudablemente mal...

Lo cierto es que, engañados, ilusionados, entusiasmados u optimistas, unión radio nos regala un cable que recoge reacciones de ciudadanos comunes de Cuba y personalidades a la fugaz y limitada aparición del otrora comandante invencible...

No cae mal un chiste antes de dormir...

"Está mucho mejor", fue la respuesta más repetida entre los cubanos consultados hoy por Efe...

"Ahí está Fidel de pie, completo", destaca Juventud Rebelde...

"El mundo es fuerte y bello por los amigos", Granma...

[mi recuperación] "está lejos de ser una batalla perdida", Fidel Castro...

"Fidel ha dicho hace unos días que esta batalla no la hemos perdido, yo diría aún más, la estamos ganando y la ganaremos", Hugo Chávez...

[el jefe de la revolución] "está muy bien, mucho mejor que en el anterior (vídeo, emitido el 28 de octubre), ahí aparecía muy flojo". Juan Carlos, de 37 años...

[Castro] "está fuerte y hermoso (...) por ahí decían que estaba mal, que se estaba muriendo, que si tenía parkinson y nada de nada, éste se muere el día que Dios diga y no cuando ellos quieran". Asunción, de 83 años

"Yo no esperaba verlo así, pensaba que estaba peor (...) está claro que no está bien y con todo lo que ha pasado no puede estarlo, pero está mejor", Maika, de 31 años y enfermera

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jueves, enero 25, 2007

Un divertimento: los negocios entre Venezuela y Cuba

Si bien la lista es larga, aprovechamos la reunión que sostuvieron ayer el vicepresidente de Cuba con el comandante local Hugo Chávez para hacer un breve repaso a estos convenios que nos ha dado por firmar...

Por cierto, no es apto para personas que sufran del corazón y, por favor, no lo intenten en casa ni en sus respectivos países:

1)Los entrenadores deportivos: ellos vienen como parte de un convenio a cambio de petróleo. Sin embargo, hay que darles: casa, sueldos, viáticos, todos los implementos y, aparte, nadie evalúa sus resultados en las distintas competencias. De hecho, cuando se quesio hacer algo parecido, con la salida de Eduardo Álvarez del IND, se produjo un confuso episodio que lo llevó de nuevo a su cargo.

2)Los médicos cubanos: iguales condiciones que entrenadores. Con una salvedad: los entrenadores, hasta donde sabemos, trabajan en su asunto, varios de estos médicos se dedican a la vida capitalista y, de hecho, se vuelven blanco de los antisociales en sus zonas de residencia por la cantidad de electrodomésticos y otros enseres que tienen en sus casas. por cierto, un familiar neustro que cumplía servicio rural en Amazonas compartía con uno de estos individuos: debái pasar por sobre su cuerpo borracho para poder abrir el ambulatorio.

3)Los maestros: igual a los médicos. Aparte, más que maestros son propagandistas.

4)El negocio del acero inoxidable: Venezuela pone acero y electricidad, Cuba pone níquel y compartimos ganancias, ¿qué tal?

5)La fibra óptica: nosotros ponemos la infraestructura, ellos ponen boca, ojos y orejas para que puedan tener salida al mundo.

6)Los equipos de los módulos Barrio Adentro: los cubanos compran baratijas en el mundo, se los presentan a las autoridades venezolanas, los venden sobrepreciados y cobran comisión.

7)El comunismo/socialismo: ellos ponen la ideología, nosotros las riquezas del único producto que sostiene tanto disparate económico junto

Realmente hacemos esta lista y lo primero que nos viene a la mente es el ex-presidente Lusichi y "el mejor refinaciamiento del mundo", calificativo que dio al trato que consiguió para la deuda externa...

¡Con socios así...!

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lunes, enero 22, 2007

Una sentencia del presidente Chávez al alcalde metropolitano Juan Barreto

Nos gustaría que alguno de los incontables "traductores" del discurso chavista, aquellos que pasan su vida reinterpretando las múltiples peroratas dcel presidente, dé un paso adelante y nos aclare lo siguiente:

ayer, mientras se reconocía que haber creado el distrito metropolitano de caracas era un error y que se regresaría a alguna forma como el distrito federal, el presidente Chávez, dirigiéndose a Barreto, le dijo: "Serás disuelto"...

¡Un aporte más del presidente Chávez al imaginario popular!

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sábado, enero 20, 2007

Una inscripción muy particular en el vidrio trasero de un carro

Después del retiro de su candidatura, El Conde del Guácharo ha tenido un perfil particularmente bajo, sin embargo, al menos para nosotros, volvió con la siguiente anotación que leímos mientras manejábamos en la autopista:

"Me bautizaron el chiquito en Musipán"

¡Salud por el chiquito, el bautizo o ambos, pues!

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