lunes, junio 22, 2009

Sobre Ingenieros del Alma de Frank Westerman, por Nelson Rivera

"Lento descenso a las entrañas del infierno. Escandaloso pasaje por los miasmas del estalinismo. Si en cualquier momento de la lectura el medidor interno del asombro parece haber alcanzado su cota más alta, en la página siguiente será superado para establecer una nueva medida.

Lo que en principio parece un ensayo histórico sobre el escritor Konstantin Pautovski y su novela La bahía de Kara Bogaz, resulta a la postre el recorrido por un infernal laberinto: máquina de moler artistas, el sistema que arrinconaba, coaccionaba y liquidaba a los escritores en la Rusia de Josef Stalin.

Metódica asfixia: se imponían los temas, el tono, la obligación de cantar los logros de la revolución bolchevique y la de reiterar, una y otra vez, el elogio a Stalin, de homenajear al perverso siempre insatisfecho.

Quien se negara a loar al "Maestro Bienamado" corría el riesgo de ser asesinado (Georgi Nikoforov se llamaba el novelista que un día propuso, "sólo por una vez", no brindar por Stalin: murió fusilado).

Y para alcanzar estas metas se contaba no sólo con el recurso de los cuerpos de seguridad: había diarios, revistas, infamantes gremios de escritores y escritores más infames todavía (insisto, Máximo Gorki fue una de esas figuras cómplices de la criminalidad comunista en contra de los escritores). Pero sobre todo, y esto es un vector central en este libro, se había puesto en funcionamiento un aparato de propaganda cuya finalidad consistía en torcer la realidad, al extremo de inventar geografías y supuestas obras de infraestructura, con el único propósito de vocear el éxito del socialismo real.

Ingenieros del alma circuló por primera vez en nuestra lengua en el año 2005. Ahora, una edición de Siruela y Random House Mondadori (España, 2009) lo trae en formato de bolsillo. Westerman, periodista holandés, autor de varios libros reportaje, reconocidos con importantes premios, describe los métodos literarios con que los escritores morían o sobrevivían. Operación de olfato, paciencia y sensibilidad, Westerman compara las diversas y contradictorias bahías de Kara Bogaz: la que se describe en la novela de Pautovski, contrapuesta al silencio del propio autor en su libro de memorias y, a su vez, ambas comparadas con los mapas de las distintas etapas del régimen, con las declaraciones de los voceros oficiales, y con las declaraciones de testigos que encontró en sus peripecias de reportero, para que de todo ello surja, como nauseabunda fantasmagoría, la esencia del régimen totalitario: su capacidad de negar la realidad y fabricar otra inexistente o distorsionada, hasta el punto de modificar a conveniencia no la geografía, sino la cartografía de la nación, y así complacer las fantasías del monstruo Stalin." (vía el nacional)

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lunes, mayo 25, 2009

Un anticredo artístico: Cómo sentirse miserable como artista

jueves, enero 01, 2009

Una frase para comenzar el 2009 de Severo Sarduy

"Hay, pues, más allá de la desesperanza total, algo que persiste, una fe en el lenguaje y sus facultades, en la palabra". (vía el país)

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jueves, octubre 16, 2008

Una frase del actor Michael Caine sobre la dudosa relación entre cantidad y calidad en el desempeño artístico

"Estoy en tantas películas que dan a las dos de la mañana que la gente cree que ya estoy muerto." Michael Caine

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sábado, agosto 09, 2008

Un repaso: algunos comentarios sobre la antología El futuro no es nuestro Narradores de América Latina 1970 y 1980

La antología publicada por la revista colombiana Pie de página, comienza a cosechar algunas frases interesantes en la web y rescatamos algunas de ellas:

"... el futuro no es nuestro. Como dice el antologador: ven y mira que aquí estamos: de espaldas al futuro, narrando el derrumbe." Ronald Flores, escritor guatemalteco.




"... la tarea de hacer una antología de plumas jóvenes de todo un continente es obviamente compleja, indigesta e insalubre(...) El futuro no es nuestro es un deleite por su diversidad y por sus propuestas desparpajadas que no buscan el cobijo de las viejas luminarias y santones latino americanos(...)". Grupo Buseta de Papel, Ecuador, citando a Naief Yehya, crítico mexicano autor de un texto introductorio a la antología.

"El primero [objetivo], el más importante, es que nos lean, así de simple: hacer ruido con nuestra literatura sin trucos publicitarios ni aspiraciones por aparecer en portadas de revistas extranjeras que nos digan cuán valiosos somos. Por esa razón, en la electrónica el acceso es gratis: nadie cobra nada. El segundo es leernos entre nosotros, delimitar un campo de acción propio, desaislarnos. Es curioso pero aunque geográficamente estamos muy cerca, es muy difícil para un autor/lector de Nicaragua o Panamá leer a un escritor de Uruguay o Ecuador..." Diego Trelles Paz en entrevista al Nuevo Diario de Managua, Nicaragua.

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Por eso, una antología es un acto subjetivo de selección y supongo que es un proceso de búsqueda que se inicia preguntando. Y Diego debió preguntar, como sucede en muchos lugares. ¿Eso desmerece el trabajo de Diego Trelles? Para nada, ese es el trabajo que debe hacer el antologador." Eduardo Varas, Ecuador.


"Los invitamos a participar de esta experiencia literaria en la cual, así como lo señala el escritor Naief Yehya (México, DF, 1963) en su texto introductorio, tendrán “la oportunidad de visitar pueblos antropófagos que tratan de preservar sus tradiciones en el mundo moderno, hijos de la revolución sandinista reeducados en el consumo, invasiones de gigantescas tortugas enfermas, enredos policíacos pesadillescos, superestrellas porno atribuladas por sus orígenes indígenas, asesinatos impunes y aparatosos actos sexuales (incluyendo un acto de perturbadora pedofilia). El futuro se parece al presente, pero como no es nuestro, nada mejor que ponerle una bomba y disfrutar el espectáculo pirotécnico”." Gabriel Rimachi Sialer, Perú.

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Sé, por lo que he visto, que la selección es bastante completa y se basa en criterios literarios, no de amistad (por ejemplo, yo mismo no conocía al autor de la antología antes de que me pidiera los textos). Estoy seguro de que vale la pena darle una vuelta, hay varios cuentos buenos y es una manera fácil de saber qué está escribiendo esta generación." Armando Luigi Castañeda, Venezuela.


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sábado, junio 28, 2008

Una cita de Fito Páez (muy aplicada a los nuevos escritores) con motivo de su visita a Venezuela


"Cuando hacíamos música en los ochenta, queríamos ser diferentes. Ahora quieren ser famosos. Se pierde algo de lo humano. Hay una ausencia de espíritu. Eso se nota en los pibes" (vía el nacional)

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domingo, mayo 11, 2008

Un vínculo desconocido: nuestra amiga Evelyn y Freddie Mercury

Cuando lo detectamos entre Gilberto Correa, Asier Cazalis y Cantinflas nos sorprendimos. Pero, cuando se trata de una amiga cercana, una colega bloggera cuyo Cuaderno seguimos de cerca, casi le reprochamos no habernos dicho antes.

A continuación, la prueba irrefutable:

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jueves, abril 24, 2008

Unas palabras: en el Concurso de Cartas de Amor Mont Blanc 2008

domingo, octubre 21, 2007

Un comentario del artista británico Damien Hirst sobre el atrevimiento en el arte


"Es difícil ser pintor, pero si lo eres, no deberías temer lo imposible. Para mí, el gran ejemplo, mi verdadero héroe pictórico, es Goya. Sobre todo en su período más tenebroso, el de Saturno devorando a sus hijos. Algunos pintores te llevan a un lugar para enseñarte sus habilidades y decirte: `Mira lo listo que soy’.

Otros, como Goya, te conducen a un agujero negro y sugieren: `No sé lo que estoy haciendo, pero voy a intentarlo’. El resultado es mucho mejor. La clase de artistas que me gusta es la de los que muestran la brutalidad de los hechos, como decía Bacon." (el nacional)

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domingo, septiembre 02, 2007

Un aporte (atrasado) al Blogday 2007

Blog Day 2007

Sí, que ya sabemos que fue el viernes pero habíamos estado complicados... igual, no queremos dejar pasar la oportunidad para hacer nuestro aporte de este año, así que nos unimos al lugar común para decir que el blogday no es el 31 de agosto sino todos los días del año y comentamos...

¡Feliz Blog day!

A continuación, desde esta trinchera, nuestro aporte con 5 blogs cuya lectura recomendamos:

¡Salud!

1) La vida no trae instrucciones: la escritora Marianne Díaz, salpicada por la polémica del veredicto que la dio como ganadora en el Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila de este año, lleva esta bitácora variada de opiniones, momentos literarios -narrativos y poéticos- propios y ajenos y alguna que otra sorpresa musical

2)Guachafita reflexiva : Mónica Correa ya no postea con la frecuencia habitual, pero siempre es bueno pasarse para ver las preocupaciones, neurosis, descubrimientos, excursiones filosóficas, gerenciales o espirituales de esta "comunicadora social iluminada", tal cual reza su biografía

3)Paladar inteligente: fuimos afortunados al ser profesores en un taller de Escribir para sanar de Karina Pugh y su madre. Esta chef lleva su bitácora con recetas, reflexiones y comentarios puertas adentro de los fogones y puertas afuera en su ámbito familiar

4)La marcha del caracol: suponemos que, de estar en una reunión, si alguien se confiesa filósofo y sicólogo, no debería ser el alma de ese encuentro ni puede competir con los artistas de vidas pintorescas o los magnéticos cuerpos de gimnasio de modelos hombres y mujeres. No sabemos cómo le va al amigo, filósofo, psicólogo y colega escritor Carlos Villarino en las fiestas, igual, su blog es muy interesante para romper con el vicio siempre presente o al acecho de la superficialidad en la comunidad bloguera.

5)Los senderos de mi risa : la antropóloga Nadir Chacín, venezolana con residencia en México, se ha dedicado a la tarea de crear un pequeño compendio en su blog de narrativa corta venezolana. No hay distingos de edades, de género ni de ningún otro tipo. Para un buen barniz cultural.

Blog day technorati


Blog day blogalaxia

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jueves, julio 19, 2007

Un golpe bajo a la risa: muere el "Negro" Roberto Fontanarrosa (comentario, relato y Pampita)

En medio del mundo actual de complicaciones por células madres, norcoreanos e iraníes jugando con fuego nuclear, chinos vendiendo hasta sus incalculables madres para soportar su economía, amenazas bacteriológicas amparadas en el Corán, el club de los socialistas gozones latinoamericanos, sus delirios y otras desviaciones, el humor es sin duda un elemento indispensable para mantener un cierto norte.

Y, no ha duda, hay humor y hay Humor.

Están dos o tres diálogos iluminados de Friends, capítulos enteros de Seinfeld, Los Simpsons, Cheers, Mad about you, las películas de los Monty Python o los hermanos Marx entre las expresiones populares. Pero está también esa complicada apuesta por el humor intelectual, el humor sofisticado.

¡Si lo sabremos en Venezuela! La cuna de Leoncio Martínez, de Aquiles Nazoa, de Pedro León Zapata. También tenemos uno que otro "humorista-a-juro", pero será objeto de otra entrada.

Lo cierto es que aspiramos que este largo preámbulo haya servido para poner en contexto la trsite noticia de la muerte de Roberto Fontanarrosa, humorista argentino. Efectivo en la salida ocurrente, muy efectivo en géneros ya literarios como el relato.

Como vemos, un verdadero golpe bajo a nuestras sociedades tan necesitadas del alivio que provoca el humor para la crítica inteligente, para la parodia, para mirar todo desde un punto de vista diferente, desacralizarnos y reírnos de nosotros mismos.

No queremos regodearnos en la pena, así que, cortesía de Abanico, publicación de la Biblioteca Nacional de la República Argentina -que de repente en alguna dimensión los petrodólares venezolanos financian como a Sancor- presentamos uno de sus relatos más apreciados "El mundo ha vivido equivocado" en el cual, por medio de un aparentemente simple e inocuo diálogo entre dos amigos que conversan sobre un "día perfecto", nos descubrimos en mucha de la esencia común que tenemos como latinoamericanos. (la mina, en nuestra "edición", es Pampita)

¡Salud por el humor!



"El mundo ha vivido equivocado"

—¿Sabés cómo sería un día perfecto? —dijo Hugo tocándose, pensativo, la punta de la nariz. Pipo me­neó la cabeza lentamente, sin mirarlo. Estaba abstraí­do observando algo a través de los ventanales.

—Suponete... —enunció Hugo entrecerrando algo los ojos, acomodándose mecánicamente el bigote, corriendo un poco hacia el costado el sexteto de tazas de café que se amontonaba sobre la mesa de nerolite-... que vos vas de viaje y llegás, ponele, a una isla del Caribe. Qué sé yo, Martinica, ponele, Barbados, no sé... Saint Thomas.

—¿Martinica es una isla? —preguntó Pipo, aún sin mirarlo, hurgando con el índice de su mano izquierda en su dentadura.

—Sí. Creo que sí. Martinica. La isla de Martinica.

Pipo aprobó con la cabeza y se estiró un poco más en la silla, las piernas por debajo de la mesa, casi to­cando la pared.

—Llegás a la isla —prosiguió Hugo—... Solo ¿viste? Tenés que estar un día, ponele. Un par de días. Entonces vas, llegás al hotel, un hotel de la gran puta, cinco estrellas, subís a la habitación, dejás las cosas y bajás a la cafetería a tomar algo. Es de mañana, vos llegaste en un avión bien temprano, entonces es media mañana. Bajás a tomar algo.

—Un jugo —aportó Pipo, bostezando, pero al pare­cer algo más interesado.

—Un jugo. Un jugo de tamarindo, de piña...

—De guayaba, de guayaba —corrigió Pipo.

—De guayaba, de esas frutas raras que tienen por ahí. Calor. Hace calor. Vos bajás, pantaloncito blan­co livianón. Camisita. Zapatillitas.

—Deportivo.

—Deportivo.

—Tipo tenis.

—No. No. Ojo, pantaloncito blanco pero largo ¿eh? No short. No.

Largo. Livianón. Bajás... Poca gente. Música sua­ve. Cafetería amplia. Te sentás en una mesa y... se ve el mar ¿No? Se ve el mar. El hotel tiene su playa pri­vada, como corresponde. Poca gente. Poca gente. No mucha gente. No es temporada. Porque tampoco vos vas de turismo. Vos vas por laburo. Una cosa así.

—Claro. —Pipo aprobó con la cabeza y saludó con un dedo levantado al Chango que se iba con una rulienta.

—Entonces ahí —Hugo estiró las sílabas de esas palabras anunciando que se acercaba el meollo de la cuestión—... a un par de mesas de la mesa tuya: una mina, sentadita. Desayunando.

—Sola —por primera vez Pipo mira a Hugo, frun­ciendo el entrecejo.

Hugo arruga la cara, dudando.

—Sola... o con un macho. Mejor con un macho ¿viste? Pero, la mina, te juna. Te marca. No alevosa­mente, pero, registra. La mina, muy buena, alta rubia, ojos verdes, tipo Jacqueline Bisset.

—Me gusta.

—La mina, poca bola. Marca de vez en cuando, pe­ro poca bola.

—Jacqueline Bisset no es rubia.

—¿No es rubia? ¿Qué es? Castaña.

—Sí, castaña, castañona.

—Bueno... Pero ésta es rubia. Remerita azul, pantaloncitos blancos. Cruzada de gambas, fumando. Ha­blando con el tipo, recostada en el respaldo del silloncito. Esos silloncitos de caña.

—¿Silloncitos de caña? ¿En una cafetería? —dudó Pipo.

—Bueno, no —admitió Hugo—. Uno de esos comu­nes. O como éstos —giró un poco el torso y pegó dos tincazos cortos contra el plástico de un respaldo—. Pe­ro con apoyabrazos ¿me entendés? Porque la mina es­tá estirada, así, para atrás, medio alejada de la mesa. Mirando al tipo, cruzada de gambas. O sea, queda de perfil a vos. Pero... ¿qué pasa?

—¿Qué pasa?

—La mina se aburre. Se nota que se aburre. El tipo chamuya algunas boludeces y la mina hace así con la cabeza —Hugo imita gesto de asentimiento— pero se nota que se hincha las pelotas.

—Y claro, loco...

—Entonces, entonces... —Hugo toca levemente el antebrazo de Pipo llamando su atención— Vos empezás a hacerte el bocho. Con la mina. ¿Viste cuando vos empezás a junar a una mina y no podés dejar de mirarla? ¿Y que entrás a pensar: "Mamita, si te aga­rro"? Vos te empezás a hacer el bocho. Claro, te ha­cés el boludo...

—Porque está el macho.

—No. Pero el macho no calienta. Porque está de espaldas. No te ve. No te ve. Vos te hacés el boludo por si la mina mira. Cosa de que no vaya a ser cosa que mire y vos estás sonriendo como un boludo, o que le hagás una inclinación de cabeza...

—O que se te esté cayendo un hilo de baba sobre la mesa.

—Claro, claro —se rió, definitivamente entusiasma­do con su propio relato Hugo, haciendo gestos elo­cuentes de refregarse la boca con el dorso de la mano y limpiar la mesa con una servilleta de papel—. No. No. Vos, atento, atento, pero digno. Tipo Mitchum. Ti­po Robert Mitchum.

—Bogart, loco. Vamos a los clásicos.

—Sí. Una cosa así. Fumando el hombre. Medio en­trecerrados los ojuelos por el humo del faso. Un duro.

—Sí. A esa altura yo ya estaría duro.

—También. También. Pero con dignidad —senten­ció Hugo—. Porque por ahí te tenés que levantar y te­nés que salir encorvado como el jorobado de Notre Dame y ahí se te va a la mierda el encanto. Cagó el atraque. No. Vos, en la tuya. Juguito, un par de sorbos vichando por encima de las pajitas ésas de colo­res...

—Los sorbetes.

—Los sorbetes. Una pitada. Mirando de vez en cuando al mar. Pero vos siempre atento a la rubia que balancea lentamente la piernita y a vos...

—A vos te corre un sudor helado desde la nuca...

—Desde la nuca hasta el mismo nacimiento de los glúteos. Y una palpitación en la garganta... ¿viste? como los sapos. Que se les hincha la garganta.

—Lindo espectáculo para la mina si te mira.

—No pero eso te parece a vos desde adentro —Hugo golpea con uno de sus puños contra su pecho—. No. Vos, un duque. Un duque. Y... ¿viste? ¿Viste cuan­do vos decís: "Viejo, si esta mina me da bola yo me muero. Me caigo al piso redondo" Y que medio agra­decés que la mina esté con un macho porque te saca de encima el compromiso de tener que atracártela. Pe­ro por otro lado vos decís: "¿Cómo carajo no me le voy a tirar, si esta mina es un avión, un avión?" ¿Vis­te?

—Típico.

—Pero vos, claro, perdedor neto, también pensás: "Esta mina, ni en pedo me puede dar bola a mí". Por­que es una mina de ésas de James Bond, de ésas bien de las películas. Un aparato infernal. Digamos, todo el hotel es de las películas. Con piletas, piscinas, par­ques, palmeras, cocoteros, playa privada...

—Catamaranes.

—Surf, grones, confitería con pianista, negro tam­bién. Una cosa de locos. Entonces vos decís: "Esta mina no me puede dar bola en la puta vida de Dios". Pero, pero...

—Al frente —indicó Pipo, con la mano.

—¡Al frente, sí señor! —se enardeció Hugo—. Al frente. Y por ahí, por ahí... el tipo se levanta.

—El tipo que está con la mina.

—El tipo que está con la mina se levanta y se pira. Le da un besito en la boca, corto, y se pira. A vos medio se te estruja el corazón porque pensás: "si el tipo éste la besó en la boca, es el macho. No hay duda".

Pipo meneó la cabeza, dudando.

—Porque uno siempre al principio tiene esa espe­ranza —prosiguió Hugo—, "Puede ser el hermano", piensa, "un amigo" "o el tío", que sé yo...

—O una tía muy extraña que se viste de hombre.

—También.

—Una institutriz de esas alemanas. Muy rígidas —documentó un poco más su aporte Pipo.

—Claro. Claro. Pero cuando el tipo le zampa un be­so en la trucha ya ahí medio que se te acaban las po­sibilidades —Hugo se corta. Se queda pensando—. Aunque viste cómo son los yanquis. Se besan por cualquier cosa —aclara—. Ahí viene una mina y te da un chupón y es cosa de todos los días.

—¿Sí?

—Sí. Bueno, bueno. La cuestión que la mina se ha quedado sola en la mesa. El tipo se piró. Se fue. Y la rubia está en la mesa, mirando el mar. Balanceando la piernita. Y ahí te agarra el ataque. Ahí te agarra el ataque. ¡Está servida, loco! Sola y aburrida. Rebuena, para colmo.

—¡Qué te parece!

—Claro, primero vos esperás. Te hacés el sota y esperás. Porque en una de esas vuelve el marido. O el tipo ése que estaba con ella y es un quilombo. Enton­ces vos te quedás en el molde. Y te empieza a laburar el marote de que si te vas y te sentás con ella. ¿Qué carajo le decís?

—Y además la mina habla en inglés.

—No sé. No sé. Eso no sé —vacila Hugo.

—¿La mina no es norteamericana?

—No sé. Porque vos no la escuchás. Vos la viste que está ahí chamuyando con el tipo pero no escuchás en qué habla.

—Y... si habla en inglés te caga.

—Sí, sí —admite Hugo, turbado— pero esperá...

—Bah. Si habla en inglés, o en francés o en ruso, te caga.

—Pará, pará.

—Vos inglés no hablás, que yo sepa.

— ¡Pará, pará! —se enoja Hugo.

—Porque nosotros, acá, porque manejamos el verso, pero si te agarra una mina que no hable castellano...

—Oíme boludo. Pará. ¿Vos sos amigo mío o amigo de la mina? La mina puede ser francesa, por ejemplo, y saber un poco de castellano.

—O española —simplifica Pipo—. La mina es espa­ñola.

—¡No! Española no. Dejame de joder con las espa­ñolas.

—¿Por qué no?

—Las españolas son horribles. Tienen unos pelos así en las piernas.

—Sí, mirá la Cantudo.

—No, no —se empecina Hugo—, dejame de joder con la Cantudo. La mina es una francesa tipo, tipo...

— ¿Por qué no la Cantudo?

—Tipo... ¿Cómo se llama esta mina? —Hugo gol­petea con un dedo sobre el nerolite.

—Romy Schneider.

—No. No. Esta mina que canta...

—A mí dejame con la Cantudo y sabés...

—¡No rompás las bolas con la Cantudo! ¿Cómo se llama esta mina? —Hugo señala con el dedo a Pipo, ya cabrero— Mirá, el día que vos me vengas con tu día perfecto, muy bien, que la mina sea la Cantudo. Pero yo te estoy contando mi día. Además esta mina es rubia.

—Bueno —aprueba Pipo, reacomodándose algo en la silla—. La próxima vez que me cuentes tu día per­fecto, vos quedate con la rubia. Pero que la rubia esté con la Cantudo y salimos los cuatro. Así...

—Está bien, está bien —concede Hugo sin dejar de rebuscar en su memoria— ¡Françoise Hardy! ¡Françoise Hardy! Un tipo así.

—Tampoco es del todo rubia.

—Bueno, pero de ese tipo. De cara medio angulosa. Jetona. Más rubia, eso sí. Y con esa voz así... pro­funda.

—Oíme —cortó Pipo—. Si no la escuchaste hablar. Decías...

—La mina es francesa —se embaló Hugo—. Pero ha­bla castellano porque ha vivido un tiempo en Perú. ¿Viste que los franceses viajan mucho a Perú?

—¿Sí? —se interesa Pipo—. Se acomoda definitiva­mente erguido en la silla, gira y con un gesto pide otro café a Molina, el morocho, que está descansando con­tra la barra, aprovechando la poca gente de las once de la noche.

—Claro. Porque esta mina es una mina del jet-set. Una arqueóloga o algo así, que viaja por todo el mun­do.

—Una cosmetóloga.

—O dirige una línea internacional de cosmética. Una línea suiza de cosmética —sopesa Hugo—. O dise­ña moda. Habla varios idiomas. Y entonces habla cas­tellano con un acento francés, arrastra las erres...

—Como el dueño del hotel donde para Patoruzú —ejemplifica Pipo.

—Eso. Y tiene una voz profunda. Medio áspera. Co­mo Ornella Vanoni.

—Ajá, ajá. Me gusta —aprueba Pipo, dispuesto a co­laborar mientras se echa algo hacia atrás para permi­tir que Molina le deje, sin una palabra, un café, un va­so de agua, tire otros saquitos de azúcar junto al ceni­cero y apriete un nuevo ticket bajo la pata del servi­lletero.

—La cuestión es que la mina se quedó sola en la mesa, fumando —recupera el hilo Hugo— y vos estás ahí, haciendote el bocho, viendo cómo carajo hacés para atracártela. Para colmo todavía no sabés en qué carajo habla esta mina. Entonces, entonces, empezás a junar las pilchas, los zapatos, la remera, los ciga­rrillos que la mina tiene sobre la mesa para ver si di­cen alguna marca, algún dato que te bata más o me­nos de dónde es la mina. La mina llama al mozo. Pa­ga su cuenta. Vos ahí parás la oreja para ver si agarrás en qué habla, pero la mina habla en voz baja, como se habla en esos ambientes internacionales...

—Además la mina con esa voz profunda que tie­ne... —Pipo ha terminado de sacudir rítmicamente la bolsita de azúcar y se dispone a arrancarle uno de los ángulos.

—Claro. Agarra un bolso que tiene sobre otro si­llón y ahí... ahí... Primero... —se autointerrumpe Hugo— cuando se para, ahí te das cuenta realmente de que la mina es un avión aerodinámico. De esas mi­nas elegantes, pero que están un vagón. De ésas flacas pero fibrosas, ésas que juegan al tenis y que vos les tocás las gambas y son una madera. Entonces ahí, en tanto la mina se acomoda el bolso sobre el hombro y agarra los puchos y el encendedor de arriba de la me­sa...

—Los puchos son Gitanes —documenta Pipo.

—Claro. Los puchos son Gitanes y tiene ¿viste? ata­do a una de las manijas del bolso, un pañuelo de seda, fucsia. Bueno, ahí, cuando la mina se levanta. Se da vuelta. Y te mira.

—¡Mierda!

—Te mira ¿viste? —Hugo está envarado sobre la si­lla, tenso. Una mano en el borde del asiento y la otra sobre el borde de la mesa. Los ojos algo entrecerrados miran fijo en dirección a la ventana que da a calle Sar­miento—. Te mira un momentito, pero un momentito largón. Ya no es la mirada de refilón... eh... la mira­da de rigor de cuando uno mira a una persona que en­tra o que se te sienta cerca. No. No. Una mirada ya de interés. Profunda.

—Ahí te acabás.

—No. Vos... un hielo. Le mantenés la mirada. Se­rio. Sin un gesto. Como diciendo "¿Qué te pasa, ca­riño?". Claro, por dentro se te arma tal quilombo en el mate, se te ponen en cortocircuito todos los cables. "Uy, la puta que lo reparió, no puede ser", decís. "No puede ser. Dios querido". Pero le sostenés la mi­rada hasta que la mina da media vuelta y se va para la playa con el bolso al hombro.

—Y... —se sonríe Hugo— ¿Viste cuando las minas se dan cuenta de que las están junando, entonces caminan un poquito remarcando más el balanceo? —Hugo osci­la sus propios hombros y el torso— ¿así? La mina se va para la playa, despacito. Matadora. Claro. Vos estás paralizado en la silla, tenés la boca seca y si te mandás un trago del jugo te parece que tragas papel picado. Cualquier cosa parece. Te zumban los oídos.

—Te sale sangre por la nariz.

—No. No. Porque ya te recuperaste. Ya te recupe­raste —ataja Hugo—. Y ya empezás a sentir ¿viste? Esa sensación, esa sensación, ese olfato, esa cosa... de la cacería. ¿No? Para colmo, para colmo —Hugo vuel­ve a poner su mano sobre el antebrazo de Pipo para concentrar su atención.

—Ahá...

—Para colmo, la mina llega al ventanal, todo vidria­do. Porque la parte de la cafetería que da al mar es puro vidrio —asesora Hugo—. Entonces cuando la mina llega a la parte de la puerta donde ya sale a la parte de playa, que hay una explanada y después está la arena, se para. Se para en la puerta, ¿viste? Como deslum­brada por el sol. Y mira para todos lados. Busca algo adentro del bolso con un gesto como de fastidio...

—Los lentes negros.

—Algo así. Lo que pasa es que la mina está aburri­da. Y en eso, antes de salir ya del todo, gira un poco. Y te vuelve a mirar...

—Ahh... jajajá... —ríe nervioso Pipo.

—¿Viste cuando de golpe una mina te mira y vos no sabés...?

—Sí. Si te mira a vos o a alguien de atrás.

—Claro, claro, eso —se enfervoriza Hugo—. Que vos te das vuelta para ver si atrás no hay otro tipo, qué sé yo. Como para asegurarte.

—Sí, sí —se vuelve a reír Pipo.

—Pero no. La mina te vuelve a mirar a vos. Ya no tan largo, pero...

—Está con vos.

—Está con vos.

—La mina siempre seria —casi pregunta Pipo.

—Ah, sí. Sí. Seria. Juna pero ni una sonrisa. Los ojitos nada más. No. No se regala. Digamos...

—Insinúa.

—Eso. Insinúa... Entonces, vos, llamás al mozo. ¿Viste? —se divierte Hugo. Hace voz afónica— "Mo­zo"... No te sale ni la voz. Tenés la garganta seca. "Mozo". Firmás tu cuenta y ahí no más te mandás para la habitación. A los pedos.

—A la habitación.

—Claro. Porque vos ya viste que la mina se fue pa­ra la playa. O sea, la tenés ubicada y un poco la seguridad de que la mina se va a quedar ahí. Entonces vas a la habitación y te pones la malla, cazás una toalla. Una revista...

—Ah. Eso sí. Imprescindible. Un libro...

—Sí. Sí, sí. Un libro, una revista, cualquier cosa, para llevar debajo del brazo y salís rajando para la pla­ya cosa de que no vaya a aparecer algún otro y te primeree. Bajás y te mandás a la playa. Como siempre pasa, la primer ojeada que das, no la ves. Ahí te pu­teás, decís "¿Para qué mierda me fui arriba a cam­biar?". Y te desesperás. Pero por ahí la ves que viene caminando, entre alguna gente que hay, tomando una Coca Cola que ha ido a comprar. La mina te ve pero se hace la sota. Se tira por ahí, en una lona. No, en una de esas reposeras y se pone a tomar sol. Medio se apoliya.

—Ahí te cagó.

—No. Bueno. Al fin te la atracás —sintetiza Hugo.

—Ah no. ¡Qué piola! —se enerva Pipo—. Así cual­quiera. Es como en esas películas donde un tipo dice "me voy a atracar a esa mina" y después ya aparece con la mina, charlando lo más piola, encamado. Y no te dicen cómo el tipo se la atracó. Que es la parte jodida.

—Bueno. Pará. Pará —contemporiza Hugo—. Vos te quedás vigilando. Ves por ejemplo que no hay ningún peligro cercano. Ningún tipo, algún tiburonazo co­mo vos que ande rondando. O hay algún tipo con su mujer que vicha pero se tiene que quedar en el molde pero además vos viste cómo son estas cosas. Los yan­quis, los ingleses por ahí ven una mina que es una bes­tia increíble y no se les mueve un pelo. Ni se dan vuel­ta. No dan bola. No son latinos. Entonces vos ves que no hay peligro cercano y planeás la cosa. Vos tenés una situación privilegiada. Estás solo. Tenés tiempo. Tenés guita...

—No como acá.

—Claro. Además ahí no te juna nadie. No hay que­mo posible. Entonces por ahí te vas un poco al mar, nadás, hacés la plancha. Y cuando volvés ves que la mina está leyendo. En la reposera, pero leyendo. En­tonces vos, desde tu puesto de vigilancia, ni muy cer­ca ni muy lejos, te ponés también a leer. Por ahí te dan ganas, ¿viste? —Hugo busca las palabras—, de lar­gar todo a la mierda, cazar un bote, alquilar un cata­marán y disfrutar un poco en lugar de andar sufriendo por una mina que por ahí... Pero claro, cuando la mirás y por ahí la ves mover una piernita, sacudir un poco el pelo rubio se te queman todos los papeles. Te hacés el bocho como un loco. Se te seca de nuevo la garganta.

—Venís muerto.

—Lógico. En eso la mina se levanta y se va para un barcito que hay en la playa, muy bacán. Ese es el mo­mento, es el momento... Lo que vos me pedías que te explicara.

—Claro —parece que se disculpara Pipo— porque si no, es muy fácil...

—La mina va, se sienta en un taburete, debajo de esos quinchos, ¿viste?, como de paja, cónicos, pero grande, porque ahí está el bar. Y vos vas y te sentás al lado. Ya sin hacerte tanto el boludo, ya, ya en la lu­cha. Y ahí vas a los bifes. Le preguntás, por ejemplo "¿usted es norteamericana?" En un tono monocorde, casi digamos, periodístico. Sin sonrisitas ni nada de eso. Ahí la mina te mira un momento, fijamente y es cuando...

—Te cagás en las patas —dictamina Pipo.

—¡Claro! ¡Claro! Porque ése es el momento cru­cial. Ahí se juega el destino del país. Si la mina se hace la sota y mira para otro lado. O dice "sí" caza el vaso y se alza a la mierda, perdiste. Perdiste comple­tamente. Pero no. La mina te mira, dice: "Sí". "Sí ¿por qué?". Y se sonríe.

—¡Papito!

—¡Papito! ¡Vamos Argentina todavía! ¡Se viene abajo el estadio! —Hugo se sacude en la silla— ¿Viste esas minas que son serias, que no se ríen ni de casuali­dad, pero que por ahí se sonríen y es como si tuvie­ran un fluorescente en la boca? ¿Qué vos no sabés de dónde carajo sacan tantos dientes? Una cosa... —Hu­go estira la comisura de los labios con los dientes de arriba tocándose apretadamente con los de la fila inferior.

—Como la Farrah Fawcett.

—Sí. Que es una particularidad de las modelos —asesora Hugo— Están serias, de golpe le dicen "sonreí" y ¡plin! encienden una sonrisa de puta ma­dre que no sabés de dónde la sacan... Bueno, la rubia te mira, te dice "sí ¿por qué?" y...

—Te da el pie.

—Claro. Te da el pie, para colmo. Entonces vos de­cís "permiso", el barrio es el barrio, y te sentás en el taburete de al lado y entrás al chamuyo... —Hugo lle­va dos o tres veces el dedo índice de su mano derecha a la boca y lo hace girar hacia adelante como quien desenrolla algo. Pipo hace un gesto escéptico.

—Muy facilongo lo veo —dice.

—Lo que pasa es que la mina está con vos. Está con vos. La mina ya tiene decidido que te va a dar bo­la. No va a andar haciendo las boludeces de hacerse la estrecha o esas cosas. Es una mina que está en el gran mundo internacional y sabe lo que quiere. La mina va a los bifes. No se regala pero va a los bifes. Si le gusta un tipo le da pelota de entrada y a otra cosa.

—Eso es cierto. Esas minas son así.

—Entonces vos empezás el chamuyo. Ya tranquilo. Ya gozando la cosa porque sabés que la cosa viene bien, ya estás en ganador y medio que ya te estás ha­ciendo la croqueta pensando que te vas a llevar la ru­bia para la pieza del hotel y esas cosas. Ya entrás a disfrutar, ahí, vos, ganador. Garpás los tragos, tirás unas rupias sobre el mostrador al grone y te vas con la mina para las reposeras. La mina, claro, una bola bárbara. Y vos ves que los tipos te junan como di­ciendo "hijo de puta, se levantó el avión ése". Pero vos, un duque, fumás, te hacés el sota y la ves caminar a la rubia adelante tuyo, en la arena, ahí, el pantaloncito ajustado y pensás "Dios querido ¡Y esta mina es­tá conmigo!". Y bueno...

—Bueno —suspira Pipo, aflojando un poco la ten­sión. El peor momento ya ha pasado.

—En fin. Entonces escuchame como es la milonga. ¿No? La milonga del día perfecto. Al menos para mí. Primero, ahí, en la playa, con la rubiona. Un poco de natación, el mar, las olas. Alquilás un catamarán, te vas con la mina de recorrida. Y a eso de las seis, siete de la tarde, te mandás al bar y te das algún trago largo...

—Un ron Barbados.

—Puede ser. Puede ser. Fijate, fijate... —gesticula, calculador, Hugo—. Me gustaría más un gin-tonic. Un gin-tonic.

—Loco, eso pedilo en Mombasa, en algún boliche de ésos. Pero no te pidas un gin-tonic en un lugar así. Con esa mina...

—Grave error. Grave error. ¿Qué tomaban los tipos que aparecen en la novela de Hemingway, de ésas en el Caribe, Islas en el Golfo, por ejemplo?

—Bacardí.

—Bacardí ¡Y gin-tonic! Gin-tonic, mi amigo. Pero la cosa no es esa. No es que vos vayas a pedir tal o cual trago. No. La cosa es que no te des con algún tra­go que te tire a la lona. Tenés que tomar algo que más o menos sepas que te la aguantás. Algo que te achis­pe, que te ponga vivaracho pero que no te haga pelo­ta. Mirá si todavía que ya tenés la mina en casa te le­vantás un pedo que flameás o te descomponés y des­pués andás con diarrea, te cagás ahí en el lobby del hotel...

—Vomitás —se asqueó Pipo.

—Vomitás. Le vomitás las pilchas a la mina. Un asco. No. No. Por eso, por eso, pedís algo sobrio, que vos sabés que te la aguantás y que te ponga ahí, en el umbral de la locura para acometer el acto... el ac­to... el acto carnal. Además vos ves que el asunto viene sobrio. Sin espectacularidad. No te vas a pedir tam­poco uno de esos tragos que vienen adentro de un coco partido por la mitad, que adentro le meten flo­res, guirnaldas, guindas, que lo tomás con pajita. Eso es para las películas de Doris Day que todos bailaban en bolas al lado de la pileta...

—Doris Day. Qué antigüedad.

—No. Vos te pedís entonces un gin-tonic. La mina alguna otra cosa así. Ahí charlás un ratito. La mi­na muy piola. Muy bien. Muy agradable. Simpática.

—Muy bien la mina —certificó Pipo, como asom­brado.

—Sí. Sí. Una mina de unos 26, 27 años. No una pendeja. Casada. Bien en su matrimonio. Bien. Que sabe lo que está haciendo. La mina quiere pasar bien esa noche, y a otra cosa.

—Claro.

—Claro. Ninguna complicación. No es de las que te va a hacer un quilombo al día siguiente ni nada de eso. La mina sabe cómo son estas cosas.

—No. No se te va a venir a la Argentina tampoco.

—¡Nooo! ¡No! No es de ésas que agarran el teléfo­no y te dicen "Arribo a Fisherton mañana". Y se te arma tal despelote. No nada de eso. Entonces...

—Entonces.

—Entonces, son como las siete, las ocho de la tar­de —el relato de Hugo se hace moroso— Te vas con la rubia a la habitación del hotel.

—¿A la tuya o a la de la mina?

—A cualquiera. Allá no es como acá que por ahí te agarra el conserje y no te deja entrar con la mina en la pieza. Allá no hay problemas. Te vas con la mina a la habitación. No. Mejor le decís a la mina que vaya a su habitación. Vos vas a la tuya y te das una buena ducha.

—Te sacás toda la arena.

—Claro, te sacás la arena. Los moluscos que te ha­yan quedado pegados. Y te vas a la pieza de ella. —Hugo hace un pequeño silencio contenido. Y bueno. Ahí, viejo ¿para qué te cuento? —sigue—. Te echás veinte, veinticinco polvos. Cualquier cosa.

—¿Veinticinco, che? —duda Pipo.

—Bueno... Dejame lugar para la fantasía. Bah... Te echás cinco, seis. De esas cosas que ya los dos úl­timos la mina te tiene que hacer respiración boca a boca porque vos estás al borde del infarto...

—Sí. Que ya lo hacés de vicioso.

—Claro. Pero que te decís: "Hay un país detrás mío." No es joda.

—Muy lindo, che. Muy lindo —aprueba Pipo, que se ha vuelto a repantigar en la silla y manotea, distraído, el paquete de cigarrillos.

—No. No —le llama la atención Hugo—. No. Aho­ra viene lo interesante. Porque yo te digo una cosa. Te digo una cosa... eh... Pipo. Te digo una cosa Pipo: El mundo ha vivido equivocado. El mundo ha vivido equivocado. Yo no sé por qué carajo en todas las pe­lículas el tipo, para atracarse la mina, primero la invi­ta a cenar. La lleva a morfar, a un lugar muy elegante, de esos con candelabros, con violinistas. Y morfan co­mo leones, pavo, pato, ciervo, le dan groso al cham­pán mientras el tipo se la parla para encamarse con ella. Yo, Pipo, yo, si hago eso... ¡me agarra un apoliyo! Un apoliyo me agarra, que la mina me tiene que llevar después dormido a mi casa y tirarme ahí en el pasillo. O si no me apoliyo me agarra una pesadez, un dolor de balero. Eructo.

—Y eso no colabora.

—No. Eso no colabora —Hugo se pega repetidamen­te con la punta de los dedos agrupados en la frente—. ¿A quién se le ocurre, a quién se le ocurre ir a enca­marse después de haber morfado como un beduino? Es como terminar de comer e ir a darte quince vuel­tas corriendo alrededor del Parque Urquiza. Hay que estar loco.

—Sí. Es cierto.

—Por eso te digo. El mundo ha vivido equivocado. Yo no sé cómo hacían los galanes esos de cine que se iban a encamar después de comer.

—Es la magia del cinematógrafo, Hugo. Hay que ad­mitirlo.

—Pero en este día perfecto que te digo yo —pun­tualiza, orgulloso, Hugo— vos terminás de echarte los quince polvos con la rubia, te levantás hecho un duque. Te pegás una flor de ducha, cosa de quitarte de encima los residuos del pecado y ¿qué te pasa? Te­nés un hambre de la puta madre que te parió. ¡Lo­co! No comés desde el desayuno. Acordate que no co­més desde el desayuno que picaste alguna boludez. Y después no almorzaste porque un tipo que está de ca­cería no puede permitirse andar con sueño y hecho un pelotudo. Entonces, entonces... imaginate bien, eh. Prestá atención. Te empilchás livianito, la mina también. Ya es de noche, te has pasado cerca de tres horas cogiendo y la luna se ve sobre el mar. Está fresquito. No hay ese calor puto que suele haber acá. Ahí refresca de noche. Vos abrís bien las puertas de vidrio que dan al balconcito y desde abajo se escucha la música de una orquesta que es la que anima el bai­longo que se hace abajo, porque hay mesitas en los jardines, entre las palmeras y ahí los yankis cenan y esas cosas. Vos no. Vos como un duque, pedís el morfi en la habitación. ¡Imaginate vos! —Hugo reclama más atención de parte de Pipo— Vos ahí te sentís Gardel. Acabás de encamarte con una mina de novela. Estás en un lugar de puta madre, tenés un hambre de lobo. Sabés que tenés todo el tiempo del mundo para comer tranquilo. La mina es muy piola y agradable y no te hace nada, al contrario, te gratifica que ella se quede con vos después de la sesión de encame. No es de esas minas que después de encamarte tenés unas ganas locas de decirle "nena, ha sido un gusto haberte conocido; ahora vestite y tómatela que tengo un sue­ño que me muero y quiero apoliyar cruzado en la ca­ma grande". No. La mina es un encanto. Entonces te hacés traer un vino blanco helado, pero bien helado de esos que te duelen acá —Hugo se señala entre las cejas— ¡Bien helado!

—¡Papito!

—Porque también tenés una sed que te morís. Te has pasado todo el día en la playa, bajo el sol. Y ade­más después de un enfrentamiento amoroso de ese tipo si no tenés a tiro un buen vino blanco pronto ca­paz que te chupás hasta el bronceador.

—La crema Nivea.

—Y ahí te sentás con la rubia —Hugo se arrellana en su silla, hace ademán de apartar las cosas de la mesita— y le entrás a dar a los mariscos, los langostinos, la langosta, algún cangrejo, con la salsita, el buen pancito. Pero tranquilo, eh, tranquilo... sin apuro. Mi­rando el mar, escuchando el ruido del mar. Sos Pelé. Sos Pelé.

—Alguna que otra cholga —aventura Pipo.

—Sí, señor. Alguna que otra cholga. Pulpo. Mucho pulpito. Y siempre vino ¿viste? Le das al blanco. Sin apuro. Ahí es cuando entrás a charlar con la mina de cosas más domésticas. De la casa. De la familia. Cuan­do ya no es necesario hacer ningún verso.

—Cuando ya te aflojás.

—Claro. Ese momento es hermoso. Entonces le contás de tu vieja. De tus amigos. Que tenés un perro. Que de chico te meabas en la cama. La mina te cuen­ta de su granja en Kentucky. Que le gustan los hela­dos de jengibre. Pero ya tranquilo. Estás hecho. Estás hecho. Porque si vos morfás antes de encamarte —vuelve a la carga Hugo—, por más que te sirvan el plato más sensacional y lo que más te gusta en la vida a vos no te pasa un sorete por la garganta porque te­nés el bocho puesto en la mina y en saber si te va a dar bola o no te va a dar bola. Comés nervioso, para el culo, te queda el morfi acá. La mina te habla de cualquier cosa y vos estás pensando "Mamita, si te agarro" y no sabés ni de qué mierda está hablando ella ni qué carajo le contestás vos. Es así. ¿Es así o no es así?

—Es así.

—Entonces ahí, después de morfar como un as­queroso, después de bajarte con la rubia dos o tres tu­bos de blanco, vos vas sintiendo que te entra a agarrar un apoliyo ¡pero un apoliyo! Sentís que se te bajan las persianas.

—Ahí es cuando uno ya se entra a reír de cual­quier pavada.

—¡Eso! ¡Claro! —se alboroza Hugo por el aporte de Pipo—, que te reís de cualquier cosa. Bueno, ahí, te vas al sobre. Sabés, además, que podés al día siguiente dormir hasta cualquier hora porque vos te vas, ponele, a la noche del día siguiente. Y te acostás con la rubia, ya sin ningún apetito de ningún tipo, sólo a disfrutar de la catrera. Te vas hundiendo en el sueño. Te vas hundiendo. Está fresquito. Entra por la ventana la bri­sa del mar. Oís el ruido del mar. Un poco la música de abajo...

Hugo se queda en silencio, mordisqueándose una uña. Casi no hay nadie en El Cairo. Pipo también se ha quedado callado. Bosteza. Mira para calle Santa Fe. Hugo busca con la vista a Molina, que está charlando con el adicionista. Levanta un dedo para llamarlo. Molina se acerca despacioso pegando al pasar con una servilleta en las mesas vacías.

—Cobrame —dice Hugo.

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domingo, julio 15, 2007

Un sueño para los doctores Jung y Freud: Alcalde de Caracas Freddy Bernal y Paris Hilton se casan (Semana surrealista en Caracas parte I)

Tal vez sea la confirmación de una teoría: esta profesión nuestra de inventar y ordenar historias y enseñar a los demás a inventarlas y ordenarlas, le quite lustre al sueño: a veces sentimos que la sucesión de imágenes nocturnas no es más que una versión burocrática, un compromiso para pasar las horas antes de la próxima dosis de vigilia... con excepciones...

anoche nos dormimos en medio de la presentación de Corpse bride de Tim Burton en HBO. Y comenzaron las apariciones.

Algunas se perdieron, asentadas, como sedimentos en el fondo de un vaso. Una volvió con nítidez al despertar: dábamos clase en un salón reducido y, de repente, alguien toca la puerta. Seguimos hablando y la puerta se abre y se me pide que me acerque. Lo hago, me comunican que necesitan que sirva de traductor.

Salimos a la recepción del instituto y allí está Paris Hilton. Se nos explica que el alcalde Bernal ha decidido separarse definitivamente de su esposa y va a casarse con su amante de algunos años, la señorita Hilton. Necesitan que hablemos con ella porque, por alguna razón, la futura primera dama de Caracas se alojará antes del evento en una sala de nuestro instituto y hay que mostrar todo tipo de atenciones.

Allí estaba Freddy Bernal. Extrañamente y por obra del sueño convertido en un enano que llegaba apenas a la cintura de Paris. Pero, como podría esperarse, con la cara de satisfacción con la que los funcionarios chavistas manejan sus Hummers, el alcalde rodeaba a la casi impercetible figura de la socialité ex-convicta.

Allí estuvimos, recibiendo apretones del alcalde Bernal, sonriendo a Paris y preguntándole por su viaje, haciendo tiempo, hasta que su habitación improvisada estuviera lista.

Cuando nuestra misión intercultural terminó salimos del instituto -que resultó estar en un centro comercial- y tenemos la oportunidad de escuchar a la gente, frente a la vidrieras y dentrás de los mostradores de tiendas y restaurantes, que ya va pasándose el rumor de haber visto a Paris Hilton y nada menos que con Freddy Bernal.

Y así fuimos viendo y escuchando chismosos hasta el amanecer.

¿Será que Jung, Freud o sus seguidores nos descifran?

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viernes, mayo 18, 2007

Un potencial disparate: alcalde Baruta Henrique Capriles insiste con el "pico y placa"


El próximo lunes, Henrique Capriles reincide con su idea del "pico y placa", una especie de híbrido entre el día de parada y un capricho del partido de la ideología que no osa decir su nombre.

El asunto es así: no se puede circular en las vías del municipio entre 6:30 am y 9:30 am según la siguiente asignación en relación con la matrícula del vehículo: 1 ó 2, paras los lunes; 3 ó 4, los martes; 5 ó 6, los miercoles; 7 u 8, los jueves; y 9 ó 0, los viernes. Si te agarran fuera de base el golpe es de 7 U.T. (Bs. 263.424,oo).

En particular no estamos de acuerdo con la medida, la consideramos un tanto absurda y, si se toma en cuenta que ningún otro de los municipios de la Gran Caracas participará, simplemente lo que hace es aislar el territorio.

¿Por qué no estamos de acuerdo?

a)En primer lugar, el alcalde Capriles y Primero Justicia insisten en decir "esto ha funcionado en Bogotá, ha funcionado en Santiago de Chile". Señores, hay que ser humildes y reconocer que el bogotano y el chileno promedio no tienen ni de cerca el nivel de anarquía que derrochamos nosotros. Tampoco el nivel de desmembramiento social que existe acá. ¿Será que alguien puede decir con sinceridad que se muere por hacer "carpool" con su vecino? La realidad es que la nuestra es una sociedad del miedo, donde desconfiamos incluso de nuestra sombra por motivos de seguridad personal, políticos o hasta de apariencias, así que descartado ese argumento.

b)Luego, el alcalde Capriles, según se observa en la página de la alcaldía basa su terquedad en imponer el "pico y placa" en un estudio de Consultores 21 de hace un par de años, pese a que no suministra información acerca de la muestra y el proceso de recolección de datos. Además, después de las últimas elecciones, ¿todavía le creemos tan ciegamente a las encuestadoras opositoras?

c)Aparte, una vez que Minfra y el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre le comunicó a Capriles que no podía utilizar la autopista para el experimento, el alcalde, más como un niño caprichoso que se quiere salir con la suya que como quien detenta el poder ejecutivo de un municipio, migró a la idea de afectar el resto de las vías del municipio, a saber:

Zona Norte:

1. Avenida principal de Colinas de Bello Monte y Avenida Leonardo Da Vinci, a la altura de ciudad banesco. Los distintos accesos a través de la Urbanización Colinas de Bello Monte y Cumbres de Curumo (avenida Anauco, avenida Neverí, calle Suapure, calle Caurimare, avenida Intervecinal).

2. Avenida Río de Janeiro. En sentido este-oeste desde la Urb. Caurimare.

3. Principal de Caurimare. En sentido norte-sur desde Los Ruices.

4. Principal de las Mercedes. Desde el Municipio Chacao.

Zona Este:

1. Calle el Cafetal. Desde Macaracuay.

2. Avenida principal de la Guairita.

3. Avenida Los Naranjos.

4. Carretera vieja el Hatillo.

5. Autopista La Trinidad-La Boyera.

6. Via principal de Gavilán.

Zona Suroeste:

1. Autopista Coche-Tejerías. Desde el Km. 14 de la Autopista

2. Carretera principal Hoyo de la Puerta (Vía Cortada del Guayabo)

Imagínense entonces: ¿la gente de El Hatillo, cuyo alcalde, Alfredo Catalán se apuntó a la cordura y no participa de esta locura está secuestrada? ¿Cómo hacen los estudiantes de la Universidad Simón Bolívar para ingresar a su casa de estudios?

d)El alcalde Capriles dice que entre sus objetivos estará: "Aumentar la rotación del transporte público e incentivar su utilización masiva". Alcalde, ¿se ha montado en alguna de estas unidades? ¿Ha visto el estado deplorable en que se encuentran? ¿Se imagina cuánto podría aumentar la criminalidad con los autobuses llenos de gente? ¿Ya tiene un plan de seguridad para eso? ¿O como usted utiliza vehículo oficial y no estará afectado por la medida no le importa? Párese en la Texaco de las Mercerdes o en el CVA y mire pasar los autobuses y nos cuenta. Más adelante dice que va a combatir la contaminación. Alcalde: ¿se imagina la cantidad de humo que habrá con este aumento de la rotación del transporte público?

e)El asunto es tan absurdo, que les regalamos un par de las preguntas frecuentes con su respuesta:


P. No vivo en el Municipio Baruta pero mis hijos estudian allí y no puedo pagar transporte ¿qué hago?

R: Deberá asistir más temprano el día que corresponda o utilizar otras modalidades de traslado.

P. ¿Si salgo a las 6 de la mañana y me agarra una cola dentro del Municipio en el horario de restricción como hago?

R: Deberá buscar lugar de aparcamiento fuera de la vialidad y estacionar mientras aplique el horario de restricción.

Estas respuestas son una prueba más que, sinceramente, es imposible pensar que en la medida priva racionalidad alguna sino un capricho. A ver si el alcalde responde por los madrugonazos de los niños o el pago del transporte escolar, o crea nuevos "aparcamientos" para cuando a la gente le agarre las colas. Ojalá que la gente también, en medio de las colas, y haciendo caso a la medida, se "aparque" en los hombrillos.

Realmente este el tipo de situaciones que nos hace pensar que el presidente Hugo Chávez, a todas estas, capaz ni tan malo es. Y el Diccionario de la Real Academia Española tiene un calificativo para esto: mentecatería. (Necedad, tontería, falta de juicio.)

¿Será que hay quien le ponga una placa al pico del alcalde Capriles?

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viernes, mayo 11, 2007

Un trío de barajitas: Eduardo Álvarez, Aristóbulo Istúriz y Jorge Rodríguez en el album de Lineup sobre la Copa América 2007



















La gente de Panini,seguramente por trasnacionales/explotadores/imperialistas han tenido que romper su racha de cumplimiento del slogan que alude a que las colecciones de álbumes siempre se completan: para la Copa América de 2007, dos series de cromos no se han producido: las que incluyen a las selecciones de Venezuela y México...

Poco sabemos acerca de la situación con la poderosa federación de balompié mexicano, pero, caminando en una sucursal de las Librerías Las Novedades, nos encontramos adonde habían ido a parar los elusivos derechos de imagen de la selección vinotinto...

Resulta que Lineup, la compañía fundada por Mikel Pérez, pionera en la reproducción para la Liga Venezolana de Bésibol Profesional de la experiencia de barajitas -figuritas, como dirían los gauchos- Topps, tiene su propio álbum de la copa.

Se llama Rumbo a la Copa América y tiene una orientación diferente al del Panini: en lugar de mostrar, como es costumbre, a los juagdores de todas las selecciones participantes, éste se especializa en mostrar a los jugadores de varias categorías de la selección vinotinto y algunos de los atractivos turísticos de las ciudades sede...

Pero todo eso a partir de la segunda página, porque la primera es la de la adulonería máxima, perfecta para los que llegaron tarde al reparto de autoestima: los "jugadores" de los cromos de esa galería de la megalomanía son:

Rafael Esquivel Melo: presidente de la Federación Venezolana de Fútbol desde que el fútbol se llama fútbol, conocido por convocar elecciones dudosas y no ser particularmente nacionalista al momento de defender nuestros derechos en las instancias internacionales, sean la FIFA, la Confederación Sudamericana o los compradores de derechos televisivos.

Aristóbulo Istúriz: mientras el PPT piensa si se une o no al Partido Dictatorial Comunista de Venezuela, el moreno fue una de las primeras víctimas de la razzia (y se deja constar en la barajita) pero hizo lo suficiente como Ministro del poder popular para la educación para ganarse su puestico.

Eduardo Álvarez: el ministro del poder popular para el deporte, que lo sacaron y regresó, en hombros de un grupo de deportistas y que pone a Venezuela a competir con selecciones de tercera en aberraciones como los "juegos del Alba", también tiene espacio para su voluminosa humanidad

Jorge Rodríguez: el hombre que le habla a las estatuas, el vicepresidente que cayó para arriba después de los favores concedidos en el Consejo Nacional Electoral, es la guinda del sundae. Allí está, con el brillo de la chispa d euna bujía de alguno de los motores de la revolución.

Pues en estas estamos por acá esperando la Copa América: descubriendo que no hay por qué alarmarse tanto cuando, en realidad, varios de los principales funcionarios públicos se limitan a actuar como lo que son: una barajita.

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domingo, mayo 06, 2007

Un reencuentro con las grandes batallas pugilísticas: Floyd Mayweather derrota a Oscar de La Hoya

Todavía recordamos hace más o menos 20 años cuando Marvin Hagler y Sugar Ray Leonard se preparaban para su pelea. Era algo apenas instintivo, pero podíamos notar que no era un evento ordinario: el poder de Hagler contra la velocidad de Leonard, maña contra fuerza.

Luego vinieron las peleas legendarias de de Whitaker contra Julio César Chávez, Tyson contra Holyfield, Félix Trinidad contra Bernard Hopkins, los combates acrobáticos de Roy Jones Jr. Siempre acompañados por nuestra madre y, eventualmente, cuando el sueño se lo permite, por nuestro padre, hemos tratado de seguir las peleas importantes, tener nuestros favoritos, analizar el curso de la pelea e imaginar las posibles revanchas.

Ayer fue una de esas veladas mágicas. Después de que Pepe Aguilar y Marc Anthony cantaran los himnos de México y Estados Unidos respectivamente, Michael Buffer, el tremendo anunciador de los combates inolvidables dio su grito: Let's get ready to rumble!

Y todo comenzó:

Oscar de La Hoya salió sin favoritismo, con mayor edad, con la desventaja de pelear apenas una vez por año, pero con la confianza de llevarse algunas decenas de millones de dólares sólo por presentarse y la certeza de haber sabido llevar su vida: le ha dado tiempo para ser modelo, cantante y tiene su propia empresa de promoción boxística, Golden Boy.

El niño de oro se veía firme pero con menos brillo que en luchas anteriores.

Frente tenía a Floyd Mayweather jr, el Pretty boy. Estaba el morbo de saber que el entrenador de De La Hoya durante los últimos 6 años había sido Mayweather padre. La historia de insultos que Mayweather hijo había lanzado en la campaña de promoción en la pelea. La displisencia de un campeón que se sabe en el tope de sus condiciones.

De La Hoya salió a buscar su pelea: golpear, golpear y golpear no tanto para noquear, sino para minar la velocidad de Mayweather, su capacidad de escabullirse del castigo y lograr conectar un golpe. Mayweather pareció siempre a la defensiva y fue superado durante los primers seis rounds claramente. Pero, para la segunda mitad, demostró que su juventud, fortaleza y destreza están fuera de duda. Se ha coronado como el mejor libra por libra del boxeo.

12 rounds después tuvimos un resultado. Victoria por decisión dividida para el Pretty boy. ¿Conclusiones? Nosotros, si fuéramos el propio Mayweather o trabajáramos con él, habríamos salido preocupados: Floyd demostró que no maneja la defensa básica del boxeo y se expuso inexcusablemente a los golpes de De La Hoya. Lo que lo salvó durante la primera mitad de la pelea fue su velocidad: a veces era un paso completo, a veces medio paso, a veces un sutil giro de cintura, pero Mayweather siempre logró que los golpes de De La Hoya lo impactaran solamente a un 50% de la fuerza con la que fueron lanzados. Floyd ya tiene 30 años y lo van a noquear terriblemente si insiste en no defenderse. La velocidad de esquivar los golpes puede ser nula frente a un rival contundente.

De La Hoya por su parte se fue con la amargura de darle la razón a sus críticos: parece que frente a grandes rivales pierde eficacia: pasó con Tito Trinidad y con Sugar Shane Mosley, incluso con Felix Sturm.

¿Habrá revancha? Todo dependerá de la cantidad de ceros que haya en los cheques.

Igual, las bolsas a repartir terminan siendo circunstancias: el espectáculo del boxeo está allí y uno no anda pensando en eso cuando apoya a su "gallo".

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lunes, abril 30, 2007

Un pequeño experimento: Vivir es cuestión de método como librería virtual

En el reportaje sobre nuevos narradores publicado exactamente hace una semana en el diario el mundo, una de las preguntas que se nos hizo a los escritores participantes fue: ¿cuál crees que ha sido tu mayor error creativo?

Tal como respondió Fedosy Santaella, tal vez nosotros estamos bastante jóvenes para hacer un balance contundente al respecto, sin embargo, algo apareció en nuestra mente: la distribución de nuestros libros.

El problema de la distribución tiene muchas aristas, sin embargo, consideramos crucial la forma como puede terminar afectando el precio de venta al público de una manera tal que lo lleva a alturas absurdas, en las cuales los propios autores dudaríamos en comprarlos.

Por diferentes razones hemos descuidado ese proceso que si bien puede parecer accesorio frente a la tarea de concebir y escribir el libro, es lo que permite que se consume la vinculación con el público.

El problema de la distribución no lo resolveremos en general, pero, al menos, intentaremos hacerlo con nuestros libros, así que, a partir de ahora, estaremos aceptando encargos de ellos a través de Vivir es cuestión de método.

¿Las razones para comprar nuestros libros? Lejos estamos de recomendar como vendedores de resorts de los noventa las posibles bondades de ellos, nos gusta pensar que, como dice nuestra amiga Mharía Vázquez, ellos caminan solos, sin embargo, nos aventuramos, en clave de humor a hacer una lista:

1)Interés por la nueva narrativa venezolana
2)Curiosidad por dicha narrativa
3)Curiosidad sobre lo que escribe el editor de este blog
4)Curiosidad malsana de ver cómo se puede criticar el escuálido editor del blog
5)Superávit financiero para usar en el lujo que es leer el libro de un autor venezolano

Ahora, a nuestra materia, los libros disponibles o, como diría Luis Barrera Linares, nuestra egoteca:

Últimos Juegos (2003): Se trata de una novela policial contada en fragmentos que incluyen artículos de opinión, transcripciones de llamadas telefónicas, columnas de revistas, micros radiales e, incluso, sermones de pastores evangélicos. Esto permite que las categorías culpable, inocente o criminal, más que en los hechos propiamente dichos, se encuentren en las conclusiones que pueda ir alcanzando el lector. Pueden leer la generosa reseña de Carolina Espada, la escritora de las telenovelas Mi gorda bella y Camaleona, sobre el libro al seguir este link. Precio: Bs. 30.000 (treinta mil bolívares)





Juegos de perdón (2002):
Nuestro segundo libro de relatos obtuvo el Primer Lugar en el Premio Internacional de Narrativa convocado por The Cove/Rincón y Pegaso Ediciones, editorial Argentina. En la actualidad contamos con la segunda edición, publicada acá en Caracas. Se trata de 4 relatos en los cuales los personajes tienen -o sienten que tienen- una profunda necesidad de ser comprendidos y perdonados o de comprender y perdonar ellos mismos. En buena medida, la esencia del libro se concentra en el relato "Baby's back in town" que pueden leer en este link. Una entrevista en el diario el mundo de regreso de la premiación pueden leerla acá. Precio: Bs. 25.000 (veinticinco mil bolívares)


Juegos de amor/Juegos de memoria (2001): A medida que pasa el tiempo, los vínculos propiamente escriturales que nos unen con nuestro primer libro de relatos parecen desvanecerse. A cada relectura - no releemos para autocomplacernos sino para autocriticarnos- las ingenuidades, los lugares comunes, las torpezas aparecen. Pero, justo cuando estamos por arrepentirnos de haber publicado estos cuatro relatos que obtuvieron el segundo lugar del Premio de Literatura Joven Latinoamericana convocado por S.T. Dupont y la Casa de Escritores Extranjeros y Traductores de Saint-Nazaire, releemos el texto de la contraportada:

"Primero se intenta olvidar, después huir. A veces se exploran las heridas, se intenta regresar. Hasta no poder hacer otra cosa que recordar.
A veces las imágenes persiguen y se tienen que escribir, escenas compartidas con mujeres de carne o aire, en una ciudad que pudo ser París o Nueva York, alcanzando balances más o menos felices; pero las historias no tienen desenlace porque en la mente todo vuelve a vivir.
Uno juega al amor, juega a la memoria. O juega con ellos. O ellos juegan con nosotros."

Y nos decimos: un viaje de mil días comienza con el primer paso. Acá tienen una pequeña entrevista del diario el universal, sobre nuestra condición de "creadores independientes". Precio: Bs. 25.000 (veinticinco mil bolívares)

¿Las condiciones de la venta?
Sencillas. Si es en Caracas, nosotros mismos llevaríamos el pedido y el pago podría hacerse al momento de la entrega o con depósito bancario.

En el interior del país enviaríamos el pedido con cobro del flete en destino.

Para el exterior, los temores revolucionarios tienen por acá un control de cambio, pero sería cuestión de revisar cada caso a ver si podemos hacer la transacción.

Los interesados pueden dejar su información de contacto en un comentario de esta entrada o escribir directamente a este correo de la librería virtual

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miércoles, abril 25, 2007

Una reunión de amigos: artículo sobre la nueva narrativa venezolana en el diario El mundo

Tal vez no sea la amistad de estar metidos los unos en las casas de los otros o la bebedera venezolana sino más bien una relación de cierta distancia pero mucho respeto y admiración lo que nos une con cuatro colegas que han aparecido encabezando un artículo sobre las nuevas voces de la narrativa venezolana el pasado lunes 23 de abril: Roberto Echeto, Fedosy Santaella, Salvador Fleján y Rodrigo Blanco Calderón.

Con Roberto Echeto y Fedosy Santaella hemos compartido en el rol de profesores del Instituto de Creatividad y Comunicación, a través del programa superior de escritura creativa y de un curioso taller de creatividad -de Fedosy-, en una tarea que si bien parece confirmar una frase que tenemos tatuada como un insulto personal -cuando el pintor Manuel Quintana Castillo dijo que el problema del arte en Venezuela era que lo dominaba una efebocracia-, nos gusta pensar que ha contribuido en la reinvención de la tradición de los talleres literarios en Venezuela.

Roberto Echeto presenta... y Caja virtual y Los hermanos Chang son parte de nuestras fidelidades blogueras.

De Salvador Fleján, literariamente imperialista -norteamericanista, digamos- hasta los tuétanos, humilde como si siguiera bajo amenaza un precepto bíblico, compañero de clases en el taller de Oscar Marcano, nunca olvidaremos que en el bautizo del libro De la urbe para el orbe, él, sin conocernos, estuvo buscándonos y se acercó simplemente para decirnos que nuestro cuento "Virginia y tú" le había gustado y que él tenía uno parecido, "Grandeliga"; todo esto con un entusiasmo que recompensa la fidelidad a la vocación literaria.

Y con Rodrigo coincidimos hasta por accidente, las más notorias han sido nuestra lectura conjunta en la Semana de la narrativa urbana del año pasado y la publicación de la revista norteamericana Letra en ruta, cuyo número de esta primavera incluye cuentos de ambos. Aparte, esa estampa de Rodrigo de escritor no maldito, de escritor profesor, trabajador, intelectual, tan necesaria para contrastar con las estupideces de la pose de algunos de nuestros colegas, nos solidariza esencialmente.

Para nosotros ha sido un placer compartir con Salavador, Roberto, Fedosy y Rodrigo, la participación en este artículo publicado en el diario el mundo y cuya versión completa pueden leer siguiendo este link. Además, como en la prensa el espacio siempre limita, podrá leerse en el blog Cata vital el contenido íntegro de las entrevistas que nos hicieron.

Esto nos lleva al último punto. Los reportajes no se escriben solos, y los reportajes que apuestan a temas como la nueva narrativa joven venezolana, de una manera seria y sin ampararse en coyunturas, son más bien propios de revistas... y muy probablemente extranjeras.

Es entonces cuando debemos agradecer a Susana Funes, de la sección de Cultura del diario el mundo por un trabajo soberbio, para el cual, pese a conocer las limitaciones de espacio que tendría, no escatimó esfuerzos -entrevistas, fuentes, lecturas complementarias sobre el tema- hasta lograr consolidar un aporte muy importante a toda una generación de nuevos narradores.

En estos casos siempre voy con la frase de Roberto Arlt: "Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente sobre literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierren la violencia de un 'cross' a la mandíbula". Pero hoy agrego que también la crearemos y, sobre todo, el público venezolano la leerá mientra haya periodistas y críticos perseverantes y de trabajo honesto que cierren la tremenda brecha que hay una en una sociedad como la venezolana entre el autor, el libro y el lector.

¡Salud Roberto, Fedosy, Salvador, Rodrigo, y salud, Susana!

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viernes, abril 06, 2007

Un ensayo general para la Copa América: Caracas F.C. golea 3-1 a River Plate argentino

No basto con ir al Monumental en Buenos Aires y derrotarlos en casa. Aparentemente, no influyó que Caracas tuviera que jugar desterrado en Cúcuta sus partidos como local.

Ayer los "Rojos del Ávila", equipo que acapara parte importante de la vinotinto, sumó a su palmarés otra victoria histórica con la derrota a River. Leemos en el clarín de Buenos Aires que hay una percepción de exageración con el resultado, en una visión totalmente sudamericana desde la cual el fútbol es cuestión de organizaciones con mayor o menor fortaleza financiera pero con una estructura robusta que permite la formación, conservación y desarrollo de jugadores, lo que hace difícil entender el entusiasmo que se genera en estas tierras.

Caracas F.C. tiene la ventaja de estar bajo el mecenazgo de la familia Valentiner, dueños de Laboratorios Vargas y, por lo tanto, ir un paso adelante en relación con el resto de los clubes. Pero, para fines prácticos, un Caracas F.C.-River Plate, es como si se tomara a un equipo de Criollitos de Venezuela frente a los Yankees de Nueva York... ¡y que los Criollitos ganaran!

Noel San Vicente continúa agregando a su gloria como jugador, estos éxitos como entrenador. El pájaro Luis Vera, José Manuel Rey, Oswaldo Vizcarrondo y Alejandro Guerra se consolidan como presente y futuro vinotinto. Se trata de un equipo ordenado, que juega en bloque y aunque a veces tiene pinceladas de despite típicas de conjuntos venezolanos, ya establece distancia importante con el resto de los participantes de la liga venezolana y, sino respeto, al menos siempre la duda en el plano internacional, ya no son tres puntos automáticos.

¡Salud, entonces, por este Caracas!

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miércoles, abril 04, 2007

Una invocación a la estupidez: los comentarios del amigo José Nieto Echarri

Fito Páez ya describía en "Al lado del camino" a esa gente que "ronda por siniestros ministerios/haciendo la parodia del artista/que todo lo que brilla en este mundo/tan sólo les da caspa y les da envidia".

El amigo José Nieto Echarri, de rimbombante apellido que evoca las grandes bodegas vinícolas del sur del continente, ronda, seguramente después de haber leído que hacerlo es una buena manera para que alguien lea blogs anónimos, por diferentes sitios de la blogosfera para dejar sus gotas de sabiduría...

Nieto Echarri lleva un blog almidonado y amanerado donde José Balza, Gustavo Guerrero y Cervantes confluyen en temas de alta cultura, el guión que debe separar -o no- al apellido de Mariano Picón-Salas (o Picón Salas) o de actualidad como el aborto. Y el amigo sueña con cargos borgianos en una biblioteca, y utiliza palabras como "ampuloso", "punición", "ineluctablemente", "cabriolas", "contubernio". Aunque un momento después se quita el sombrero de Bello o de Darío para comentarnos cómo le llama la atención el "bollo" -eufemismo (¡que en este blog hay de todo, incluso palabras rebuscadas!) para órgano sexual femenino- de Ele o se pregunta por algún "panita".

Un par de veces hemos contado con la dicha de que este individuo de tan alta estatura cultural nos comente, una vez en relación con la locura boliviana de exigirle a la coca-cola cambio de nombre. Nótese el logrado y majestuoso efecto poético, la cadencia rítmica de la frase, la Coca cola toca alturas nuevas:

"Cómo no hablar bien de la Coca Cola al hablar mal de los comunistas. Cómo no hablar bien de los comunistas al hablar mal de la Coca Cola."

La otra más reciente, ayer mismo, en relación con nuestra entrada sobre el concurso de cartas de amor de Mont Blanc.

""Fuimos uno de los quince finalistas". ¿Cómo? ¿Tú eres varios que se transforman en uno o uno que se transforma en varios por virtud de un artificio pronominal que no dominas?"

¡Cuánto conocimiento del castellano! Robándole a Milagros Socorro su frase sobre Andrés Bello: ¿cómo se puede saber tanto?

Pero no nos embarga el desánimo, nunca, hemos decidido cumplir penitencias ante el Nazareno o a la imagen religiosa de preferencia del sabio Nieto Echarri (¡sabio, como Cecilio Acosta, como Cagigal!) para enmmendar nuestros errores, que bien lo merecemos.

Después de todo, a nosotros nos comentó con tono conciliador, pedagógico y no de la forma un tanto heterodoxa en la cual abordó Nieto Echarri la labor de expansión cognitiva con la amiga Marta de En la ciudad:

"Oye, quería, por mi propia evocación de las portuguesitas de Chacao al leer tu entrada, dejarte un comentario de un modo adecuado. Pero me lo impide el ruido desastroso del ciber donde estoy..."

O al amigo Juan Guerrero de Papeles de Agua:

"Oye, pensaba dejarte un comentario a tono con tu poema pero me lo impide el ruido de este ciber donde estoy..."

O a la gente de De mala madre:

"Yo mismo le oí a la profesora María del Pilar Puig, allá en la Escuela de Letras, que dizque "el poder no tiene erótica".

Me explayaría en esto si no me lo impidiera el ruido de este ciber donde estoy..."

¡Cuán injusto el ruido de la ciudad con el sabio! ¡Oh, divinas las moradas allende la urbe do ha de morar el hombre de virtud para cultivar el don del intelecto!

Pero, entre tanto, aunque la naturaleza se oponga y los cybers se rebelen, él no cesa en su intento y comenta con acierto y malabares deslumbrantes a Roberto Echeto, Luis Barrera Linares, María Celina Núñez, Rafael Osio Cabrices, Fedosy Santaella, Enza García Arreaza por sólo mencionar algunos...

Ya tendrá tiempo Nieto Echarri de limar las asperezas entre el contenido superior de su blog y la sensibilidad del lector común y corriente, ya la torre a la cual aludía Virginia Woolf se inclinará hasta llegar a ras de piso y entonces podremos dialogar de manera fructífera...

Mientras tanto, ineluctablemente, estaremos distanciado de la ampulosidad de las cabriolas estilísticas del sabio y lo veremos tras una barda mientras en contubernio gozoso se lía con los de su estirpe. Nosotros, humildemente, nos sometemos a la punición que el destino nos depare.

De cualquier manera, panita, también hay poesía en los bollos...

¡Que tenga feliz Semana Santa!

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martes, abril 03, 2007

Un nuevo estímulo: nuestro desempeño en el Concurso de Cartas de Amor Mont Blanc 2007

No fue tan importante como el año pasado cuando fuimos uno de los 15 finalistas, sin embargo, cuando recibimos la llamada esta tarde y nos enteramos de que nuestra carta había sido considerada una de las cien primeras del concurso, igualmente nos sentimos orgullosos.

El Concurso de Cartas de Amor de Mont Blanc, si bien no es el Nóbel de literatura, se ha transformado en una interesante experiencia que convoca cada año a más de cinco mil escritores venezolanos, de diferentes edades y con mayor o menor oficion escritural con el único objetivo de tratar de evocar con pluma y papel ese evasivo, complejo y a veces inexplicable sentimiento que es el amor.

En un país donde la tradición de concursos literarios es más bien pobre, es un honor estar, por segundo año consecutivo, en los principales lugares.

Por haber estado en esa especie de semifinal que fueron las cien primeras cartas nos invitaron a participar en la ceremonia de premiación que será el día 12 de abril en el teatro trasnocho, trataremos de ir y tomar fotos para documentar este evento.

A continuación nuestra carta finalista del año pasado.

¡Salud por la escritura y el amor!

"Muñeca:
¡Despierta! Hay un cielo color melocotón. Comienza el día. Yo te veo indecisa.
Quiero estirar una mano ―derecha o izquierda, me da igual― y descubrirte, echar abajo la sábana, dejar que tu cuerpo sienta los silbidos inconstantes de la brisa que la ventana deja pasar sin poner obstáculo.

Pero no lo hago, dejo que duermas, me levanto, voy al baño, frente al espejo: me veo indeciso.

Abro los ojos. Sé que fue un sueño.

Ahora te sueño y te imagino. Estarás perdida en algún lugar de Nueva York, perdida, caminando, buscando la próxima casa, la próxima cama. Y yo tengo el teléfono y debería llamarte y contarte que aquí, a pesar de lo que todos dicen, todo está bien, no pasa nada, las ideas para un nuevo cuento y un nuevo relato y una nueva novela llegan, yo tomo un par de notas, trabajo pocos días, y después se acaba el entusiasmo y pienso que tal vez juegas a la telepatía y lees mi pensamiento y vas a llamar tú, pero siempre la hipoteca, el trabajo, el hijo que ya no sabes si quieres tener y la lucha por no fumar otra vez y la explotación del hombre por el hombre en la tierra de las oportunidades.

Y mientras te sueño y te imagino yo estoy a cuatro horas con veintisiete minutos del aeropuerto de Newark acá en Caracas. Ya sé que murió tu padre ―y me duele no haber podido escucharlo de tu boca―, así que no te encontraré en sus historias en la casa de Altamira. Ya sé que nada quieres saber de las colas, tus amigos desesperados/arruinados/derrotados, la soledad de tu madre, los almuerzos familiares de los domingos, los piques en la autopista Fajardo después de la medianoche ni quieres saber que yo te sueño y te imagino sentado frente a una computadora, escribiendo.

Te veía en el sueño, nos veía indecisos.

Y siento que me aprenderé, que agregaré al diccionario la palabra arrepentimiento. Arrepentido. De todo. De no escucharte, de no hacerte caso, de no seguirte.
Me como las uñas. Pongo un cd, escucho a Queen, oigo a Elvis ―no Presley, Costello―, un blues, se cae el sol.

Me detengo y parece que escucho cómo le cuentas a otro, el de turno, sobre mí, qué pasión por tus pechos, cuánto sexo telefónico, cuánta imaginación de un futuro imposible. Ahora el escritor se ha vuelto historia, una foto borrosa que ya ni siquiera encuentra sitio en tu cartera. No importa que yo te sueñe ni te imagine ni me seas tan completa, tan viva. Tal vez me quieres, tal vez te quiero, pero ahora nada de eso es importante.

Y yo tengo el teléfono y debería llamarte, pedir perdón, decir que me quiero sentar y escucharte. Pero ahora yo también tengo el anillo, el alquiler de cada mes, las facturas de los servicios, un hogar en formación y el hijo que sí quiero tener.
Así que me tengo que despedir. Y tendré que volver al diccionario pero unas páginas antes. Y buscar para aprenderme olvido y olvidarte. Que no seas sombra ni polvo de vida. ¡Perfecto!

Hasta que un día camine amnésico por una calle y coincidamos. Y lejana te vea y me diga: ¡me gustaría tener una mujer así! Y reviviendo un viejo entusiasmo me acerque y te cuente como novedad que escribo, novelas, cuentos, historias y tú me digas, completamente exagerada, absurdamente sobreactuada que el encuentro te parece: ¡fascinante! ¡maravilloso! ¡perfecto!

Y mientras te miro a los ojos recobraré el sentido de mis pasos y te preguntaré: ¿hacemos algo después?"

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