domingo, junio 04, 2006

Una reflexión sobre el silencio en la narrativa











El tremendo poder del silencio se aprecia nítidamente en una de las mejores películas de Pedro Almodovar, "Hable con ella", donde la imposibilidad de movimiento y comunicación de la protagonista desencadenan gran parte de la historia contada. Sólo quietud y silencio de su parte, mientras a su alrededor distintas pasiones van cruzándose para formar la historia. Por eso es tan interesante estudiar este recurso en la narrativa.

Dice un dicho que uno es "esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla". En la religión católica, al momento de confesar los pecados, se pide perdón por aquéllos de "pensamiento, palabra, obra y omisión". Estos sencillos principios resultan ser de gran utilidad para comprender otro lado de los personajes en la narrativa.

Habitualmente estamos demasiado enfocados en ofrecerle a nuestros personajes situaciones en las cuales se expresen y actúen para lograr sus objetivos o fracasar en sus intentos. Sin embargo, en ese empeño podríamos olvidar la importancia que tiene ese otro factor compuesto por las omisiones y los silencios.

En "The talented Mr Ripley”, la adaptación de Anthony Minghella de la novela de Patricia Highsmith "A pleno sol", el personaje principal, Tom Ripley, debe en parte su éxito a sus silencios.

En los momentos de mayor presión, interrogado por la policía, descubierto en sus mentiras, aparentemente sin escapatoria, Ripley logra siempre callar hasta el último momento, como el buen jugador de poker que no deja traslucir emociones según la mano que le ha tocado y con esta neutralidad toma ventaja sicológica sobre sus oponentes.

En otra adaptación cinematográfica, esta vez de la novela de Graham Green, "The quiet american", el silencio de Thomas Fowler conduce a la muerte a Alden Pyle y se consuma con ello la trágica historia de traición a un amigo y, a la vez, la venganza por el obstáculo que puso Pyle en la relación entre Fowler y la joven Phuong.

Habría que recordar también que es el silencio solidario de Sancho Panza en "Don Quijote de la Mancha", uno de los grandes combustibles de las aventuras del Alonso Quijano.

En ocasiones, este asunto de los silencios y las omisiones parecen poco comprensibles para la cultura occidental ya que, mientras en Oriente es muy común comprender el valor que tiene el vacío (se puede leer el gran ensayo de Junichiro Tanizaki, "Elogio de la sombra") a nosotros parece fascinarnos el mundo de la manifestación explícita hasta la exageración.

Sin embargo, una casa no es sólo casa por sus paredes sino por el espacio que queda entre ellas para permitir que dentro de ella se encuentren muebles y personas, igualmente, la música es música por los sonidos entre las notas, sino estaríamos simplemente escuchando un interminable ruido.

Así en la literatura, muchas veces la relevancia emocional de una narración y las claves para su apreciación se encuentran en esas brechas y los vacíos que ellas dejan.

Por eso, al momento de desarrollar una historia, debemos esforzarnos por agudizar la mirada y saber encontrar también los momentos para la pausa, los momentos para el silencio.