miércoles, agosto 02, 2006

Una comparación interesante: las agonías del general Franco y Fidel Castro

El ocaso de Fidel Castro*

Dice un chusco que los extremos se tocan y, a la vista del comunicado difundido por el régimen cubano, no cabe por menos hacer comparaciones todo lo odiosas que se quiera con la agonía del general Franco. Y todo porque quienes ostentan (ostentaron) el poder omnímodo, a la hora del inicio de su particular “Addio a la vita” , parecen clónicos en la búsqueda de su huequecito en la Historia.

El comandante Fidel Castro , operado de hemorragias intestinales (¿les suena lo de las “heces fecales en forma de melenas” y lo del “equipo médico habitual” que firmaba los partes médicos del otrora Caudillo de España?), ha tenido que resignar sus poderes en su hermano Raúl , ministro de Defensa y jefe de las Fuerzas Armadas, mientras en Cuba, de momento en voz baja, se empiezan a preguntar “Después de Fidel, ¿qué?” . Naturalmente los más adictos responden que “Después de Fidel, la Revolución” . Sin embargo ya hay cubanos que, en estos momentos, se lamentan de no tener el colchón franquista materializado en la frase : “Después de Franco, las Instituciones” . Por poco democráticas que fueron (vamos que no lo eran), su mera existencia propició, en menos de dos años, la liquidación formal de la larga noche de piedra del franquismo, aunque fuese bajo el artificio de “ir de la Ley a la Ley” , petición del Rey que lasa últimas Cortes franquistas, disciplinadamente acataron y cumplieron. Como recompensa a ello, se hizo borrón y cuenta nueva que así fue la Transición española.

El octogenario Castro (cumple las ocho décadas de vida el próximo día 13) entra en su ocaso biológico. Su régimen, nacido el 1 de enero de 1959, es difícil que llegue al medio siglo de existencia. Poco le faltará, no obstante. Pero, de la misma forma que en España el franquismo sin Franco era inviable, resulta inconcebible un castrismo sin Fidel. ¿Lo saben los cubanos? ¿Son conscientes los albaceas de Castro? Todo ello, a fecha de hoy, está por ver. Y hasta aquí el paralelismo con España.

La situación cubana es distinta, porque tiene un elemento primordial que la diferencia de la española de 1975: los millones de exiliados, instalados a menos de 90 millas (unos 170 kms.) de las costas de la isla. Unos exiliados que nunca olvidaron su país ni los agravios castritas, pero unos exiliados que, en la última década, con sus remesas en dólares han ayudado a la economía de Cuba. Ellos no están llamados liderar la transición poscastrista, es cierto. Pero quienes sí deben hacerla –los elementos influyentes del régimen, aunque sólo sea en defensa propia—no deben perder de vista la fuerza que, en la propia isla, tienen las gentes del exilio. De ellas depende, en parte nada despreciable, una reconversión de la economía cubana, aparte de la necesaria credibilidad el sistema político que surja tras la desaparición de Fidel. Y ojalá que, los imperativos de la biología del longevo comandante, propicien que, cubanos de una y otra margen del Caribe, en su momento, y pensando en Castro se limiten decir “que tanta paz lleves como paz nos dejas ”. Sería la forma más sensata, para los unos y los otros, de cerrar esas cinco décadas de poder personal.

*Paco Vilariño en Ociocrítico